Indiferente ante
el teclado de su máquina de escribir toma su lápiz, pero de la mina sólo salen
manchas. Enciende el computador y el cursor titilante le invita a pulsar alguna
tecla, pero lo apaga. Abre su cuaderno de notas buscando pasión, pero no la
encuentra. Vencido, va a la nevera y no toma nada. Agotado, se acuesta al lado
de su amada, pero allí tampoco despiertan sus ganas. Bosteza entonces, sin
preguntarse cuál apetito perdió primero.