La Reina, arrinconada, sabe con certeza
que dentro de poco le caerán encima los
peones.
En la oscuridad, uno a uno, invadirán su majestuosa figura. La tocarán, la
palparán, la tentarán y gozarán de ella en persistente aquelarre. Alguien debe
poner orden en ese tablero de ajedrez recién cerrado.