De nuevo por aquí, después de una prolongada e indeseada ausencia por motivos de salud, nada que no tenga solución, por supuesto. En el número anterior quedó la paradoja del Hotel infinito. Ya hemos dicho muchas veces que una paradoja es un argumento de apariencia verdadero pero que, si bien se examina, contiene elementos de contradicción lógica que nos hace ver lo contrario de lo que veíamos. El Diccionario de la Real Academia la define como «Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas», «Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera». En el caso que nos ocupa, aunque la noción de infinito no permite, en sentido estricto, adiciones o multiplicaciones por dos, el Tribunal de Defensa de la Competencia dictaminará sin lugar a dudas en contra de Eleuterio argumentando que la lista infinita de habitaciones de Jacinto es mayor que la de Eleuterio, como fácilmente puede verse si uno recuerda que la lista de habitaciones con bañera (que es de una de cada doce) es también infinitamente mayor, aunque está claro que hay muchas más habitaciones sin bañera que con ella. De hecho, el número de tapones en el hotel infinito es superior al número de habitaciones, puesto que en cada una de éstas hay lavabo, ducha y bidé, y eso sin contar los tapones de las bañeras. Un experto matemático añadiría que de forma intuitiva, mucha gente (como el Tribunal de la Competencia) piensa que un hotel infinito con habitaciones 1-a, 1-b, 2-a, 2-b, 3-a, 3-c, etc. ha de tener más habitaciones que un hotel infinito con habitaciones 1, 2, 3, … Pero como argumentaron sin éxito los abogados de Eleuterio, siguiendo la obra del filósofo George Cantor del sigo XIX, si éste hubiera ido de hecho al hotel de Jacinto y numerado la habitación 1-a como «1», la habitación 1-b como «2», y así sucesivamente, los hoteles habrían vuelto a parecer exactamente iguales otra vez y además las habitaciones del hotel de Jacinto serían más pequeñas.
Pero basta de paradojas. ¿A alguien le apetece hacer un poco de zumo de neuronas? Pues si es así, aquí les dejo unos bonitos acertijos (con sus correspondientes soluciones en la forma acostumbrada) que bajo el título de «acertijos engañosos», expone magistralmente Martin Gardner en su maravilloso libro titulado Matemáticas para divertirse, de Granica Ediciones. Hasta pronto.
Hay quince soluciones diferentes para este problema, pero todas ellas involucran el mismo truco. Por ejemplo: pon siete terrones en una taza, dos en otra y uno en la tercera. Ahora pon la última dentro de la segunda. ¡La segunda contendrá entonces tres terrones!
Los dígitos de 9 a 1 de atrás para adelante son: 1-2-3-4-5-6-7-8-9
¿Viste ese cero al final antes de empezar a multiplicar? Si lo ves, sabrás inmediatamente que la respuesta final tiene que ser cero.
Laringitis tenía 59 años (no hubo ningún año cero).
El perro sólo puede ser hembra y pesar 5 kilos, y el enorme gatazo llega a los 10. Si supusiste que el perro era "él" y el gato "ella", probablemente no llegaste a ningún lado.
No hay nada que explicar porque 80 minutos es lo mismo que una hora y veinte minutos.
El matemático sólo tuvo una hora de sueño. La alarma del reloj lo despertó a las nueve de esa misma noche, era un reloj “de cuerda”.
Treinta dividido por 1/2 es 60, así que cuando se le suman 10, da 70, que es la respuesta final.
Tres
13 X 1 = 13
Cuatro: la 111 y la 112 son la misma hoja
A1 reloj le llevará 11 segundos dar las 12. Hay un segundo entre cada campanada.
Un "triángulo" con esos lados sería una línea recta (los matemáticos a veces lo llaman un "triángulo degenerado"), de modo que no tendría ninguna superficie. Es verdad que se mostraba un triángulo en la ilustración, pero sólo era para desconcertarte; ese triángulo sin duda no podía tener los lados que se indicaban.
© Revista Almiar (Madrid; España) — nº 40 —
junio /julio 2008 |