Acertijos engañosos de Martin Gardner.

por
Antonio García Francisco
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De nuevo por aquí, después de una prolongada e indeseada ausencia por motivos de salud, nada que no tenga solución, por supuesto.

En el número anterior quedó la paradoja del Hotel infinito. Ya hemos dicho muchas veces que una paradoja es un argumento de apariencia verdadero pero que, si bien se examina, contiene elementos de contradicción lógica que nos hace ver lo contrario de lo que veíamos. El Diccionario de la Real Academia la define como «Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas», «Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera».

En el caso que nos ocupa, aunque la noción de infinito no permite, en sentido estricto, adiciones o multiplicaciones por dos, el Tribunal de Defensa de la Competencia dictaminará sin lugar a dudas en contra de Eleuterio argumentando que la lista infinita de habitaciones de Jacinto es mayor que la de Eleuterio, como fácilmente puede verse si uno recuerda que la lista de habitaciones con bañera (que es de una de cada doce) es también infinitamente mayor, aunque está claro que hay muchas más habitaciones sin bañera  que con ella. De hecho, el número de tapones en el hotel infinito es superior al número de habitaciones, puesto que en cada una de éstas hay lavabo, ducha y bidé, y eso sin contar los tapones de las bañeras.

Un experto matemático añadiría que de forma intuitiva, mucha gente (como el Tribunal de la Competencia) piensa que un hotel infinito con habitaciones 1-a, 1-b, 2-a, 2-b, 3-a, 3-c, etc. ha de tener más habitaciones que un hotel infinito con habitaciones 1, 2, 3, … Pero como argumentaron sin éxito los abogados de Eleuterio, siguiendo la obra del filósofo George Cantor del sigo XIX, si éste hubiera ido de hecho al hotel de Jacinto y numerado la habitación 1-a como «1», la habitación 1-b como «2», y así sucesivamente, los hoteles habrían vuelto a parecer exactamente iguales otra vez y además las habitaciones del hotel de Jacinto serían más pequeñas.

 

Pero basta de paradojas. ¿A alguien le apetece hacer un poco de zumo de neuronas? Pues si es así, aquí les dejo unos bonitos acertijos (con sus correspondientes soluciones en la forma acostumbrada) que bajo el título de «acertijos engañosos», expone magistralmente Martin Gardner en su maravilloso libro titulado Matemáticas para divertirse, de Granica Ediciones.

Hasta pronto.

 

 

  •  ¿Puedes poner diez terrones de azúcar en tres tazas vacías de modo que en cada taza ha­ya un número impar de terrones?

Hay quince soluciones diferentes para este problema, pero todas ellas involucran el mismo truco. Por ejemplo: pon siete terrones en una taza, dos en otra y uno en la tercera. Ahora pon la última dentro de la segunda. ¡La segunda con­tendrá entonces tres terrones!

  •  Observa con cuánta rapidez puedes anotar los dígitos de 9 a 1 de atrás para adelante, luego controla la respuesta para ver si has seguido bien las instrucciones.

Los dígitos de 9 a 1 de atrás para adelante son: 1-2-3-4-5-6-7-8-9

 

  • ¿Con cuánta rapidez puedes hallar el producto de los siguientes números? 256X3X45X3.961X7X488X2.809X0

¿Viste ese cero al final antes de empezar a multiplicar? Si lo ves, sabrás inmediatamente que la respuesta final tiene que ser cero.

 

  • Laringitis, un orador griego, nació el 14 de julio del 30 A. C. Murió el 14 de julio del año 30 D. C. ¿Qué edad tenía cuando murió?

Laringitis tenía 59 años (no hubo ningún año cero).

 

  • Juntos perro y gato pesan 15 kilos. Si el peso del can es un número impar, y si el macho pesa el doble que la hembra, ¿cuánto pesa cada uno?

El perro sólo puede ser hembra y pesar 5 kilos, y el enorme gatazo llega a los 10. Si supusiste que el perro era "él" y el gato "ella", probablemente no llegaste a ningún lado.

  • Después de una serie de experimentos, un químico descubrió que una determinada reacción química demoraba 80 minutos en producirse siempre que él usaba una corbata verde, y que la misma reacción demoraba una hora y veinte cuando él usaba una corbata roja. ¿Se te ocurre alguna razón para ello?

No hay nada que explicar porque 80 minutos es lo mismo que una hora y veinte minutos.

 

  •  Un matemático se fue a acostar a las ocho de la noche, puso el despertador para las 9 de la mañana, lo dio cuerda y se fue a dormir de inmediato. ¿Cuántas horas había dormido cuando el despertador lo despertó?

El matemático sólo tuvo una hora de sueño. La alarma del reloj lo despertó a las nueve de esa misma noche, era un reloj “de cuerda”.

 

  •  Divide 30 entre 1/2 y suma 10. ¿Cuál es el resultado?

Treinta dividido por 1/2 es 60, así que cuando se le suman 10, da 70, que es la respuesta final.

 

  •  Un chico tenía cinco manzanas y se comió todas salvo tres. ¿Cuántas manzanas quedaron?

Tres

  • ¿Qué dos números enteros (no fracciones) dan el número de la mala suerte, 13, cuando son multiplicados entre sí?

13 X 1 = 13

 

  •  Un lector de este libro estaba tan enojado por no poder hallar las respuestas de todos estos problemas que arrancó las páginas 6, 7, 84, 111 y 112. ¿Cuántas hojas arrancó en total?

Cuatro: la 111 y la 112 son la misma hoja

 

  • Si a un reloj le lleva cinco segundos dar las 6, ¿cuánto tiempo le llevará dar las 12?

A1 reloj le llevará 11 segundos dar las 12. Hay un segundo entre cada campanada.

 

 

  • Un triángulo tiene lados de 17, 35 y 52 centímetros. ¿Cuál es su superficie en centímetros cuadrados?

 

Un "triángulo" con esos lados sería una línea recta (los matemáticos a veces lo llaman un "triángulo degenerado"), de modo que no tendría ninguna superficie. Es verdad que se mostraba un triángulo en la ilustración, pero sólo era para desconcertarte; ese triángulo sin duda no podía tener los lados que se indicaban.

 


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© Revista Almiar (Madrid; España) — nº 40 — junio /julio 2008
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