Comencemos por el principio. Les debo las soluciones del número anterior y aquí las traigo. Realmente no son muy difíciles, excepto una, la que yo denominaba «guinda envenenada» que me confieso incapaz de resolver. Pero no adelantemos acontecimientos. Sencillo es el problema de las patas de los bichos que se entretuvo en cazar el tierno infante del primer problema, más bien entretenimiento, propuesto. Para llegar a la solución aporté una pista: las arañas tienen 8 patas y los escarabajos tienen 6. Partiendo de esta base, vamos a hacer una falsa posición. «Falsa posición» es el nombre que en Matemáticas se da a lo que comúnmente denominamos «la cuenta de la vieja». Supongamos que en la lata de tomate que servía de provisional centro de reclusión de los pobres bichos solamente hubiera sólo escarabajos. En este caso, el número de patas sería 6 x 8 = 48, seis menos de las que se exigen en el problema. Reemplacemos un escarabajo por una araña. El número de patas aumentará en 2, puesto que la araña no tiene 6, sino 8 patas. Está claro que si hacemos esta operación 3 veces consecutivas, el número de patas llegará a ser 54. Pero, entonces, de los 8 escarabajos quedarán sólo 5, los demás serán arañas. Así, pues, en la caja había 5 escarabajos y 3 arañas. Hagamos la comprobación: Los 5 escarabajos suman un total de 30 patas; las tres arañas, 24, por tanto, 30 + 24 = 54, como exigen las condiciones planteadas en el problema. Este problema puede resolverse también de otro modo. Supongamos que en la caja hubiera solamente arañas. Entonces, el número de patas sería 8 x 8 = 64, o sea diez más de las indicadas en el problema. Si reemplazamos una araña por un escarabajo, el número de patas disminuirá en 2. Se necesita, por tanto, hacer 5 cambios semejantes para que el número de patas llegue a ser el requerido, 54. En otras palabras, de las 8 arañas hay que dejar sólo 3 y las restantes reemplazarlas por escarabajos. El problema de las tres prendas también se puede resolver sin acudir a establecer un sistema de ecuaciones. Si en lugar de la chaqueta, el sombrero y los zapatos, el hombre de nuestro problema hubiera comprado solamente dos pares de zapatos, en vez de 140 euros habría pagado tanto menos cuanto más baratos cuestan los zapatos que la chaqueta y el sombrero juntos, o sea, 120 euros menos. Por tanto, los dos pares de zapatos costarían 140 - 120 = 20 euros. Dicho de otra manera: si compra dos pares de zapatos, pagará el precio de los dos pares, sea el que sea, pero en realidad los 140 euros totales menos los 120 euros que llevan de demasía el lote formado por la chaqueta y el sombrero, pues el precio del primer par es igual al del segundo sin recargos adicionales. Hemos sustituido el lote chaqueta más sombrero por el lote par de zapatos, con lo que tendríamos que si ha pagado 140 euros, pero que el primer par no cuesta 120 euros más que el segundo, los dos pares valen 140 - 120 = 20 euros. Ahora ya sabemos que el chaqueta y el sombrero juntos valían 140 euros del total de la compra - 10 euros de un par de zapatos = 130 euros, y además, que la chaqueta costaba 90 euros más cara que el sombrero. Razonemos como lo hemos hecho antes: en lugar de la chaqueta y el sombrero, supongamos que ese señor comprara dos sombreros. Habría pagado, no 130 euros, sino esos 130 euros y 90 euros menos. Esto significa que los dos sombreros costaban 130 - 90 = 40 euros; de donde resulta que un sombrero valía 20 euros. Por consiguiente, el precio de las tres prendas fue: los zapatos, 10 euros; el sombrero, 20 euros, y la chaqueta, 110 euros. El problema de las cestas con huevos es algo más sencillo. Cuenta de la vieja pura y dura. Veamos de nuevo el dibujo:
El vendedor se refería a la cesta con 29 huevos. En las cestas con los números 23, 12 y 5 había huevos de gallina; los de pato se hallaban en las cestas designadas con el 14 y el 6. Hagamos la comprobación. Total de huevos de gallina que quedaron: 23 + 12 + 5 = 40. De pato 14 + 6 = 20. De gallina había el doble que de pato, problema resuelto. Regalos y finanzas no es un problema de matemáticas, sino más bien de pensamiento lateral. La clave reside en que uno de los padres es hijo del otro. En total eran, no cuatro, sino tres personas: abuelo, hijo y nieto. El abuelo dio al hijo 150 euros y éste, de ese dinero, entregó al nieto (o sea, a su hijo) 100 euros, con lo cual los ahorros del hijo aumentaron, por consiguiente, sólo en 50 euros... Ida y vuelta: sin comentarios. Si no lo ha resuelto es porque no lo ha leído. Y ahora, la guinda, la otra cuestión de huevos. Confieso que he sido incapaz de resolverlo, y por eso he decidido traer el texto íntegro de donde procede. Es un bonito rompecabezas matemático del poeta ruso Benediktoff y está formulado en forma de artículo. Éste en concreto:
…Y terminemos con una paradoja, la del Hotel Infinito.
La conozco hace
tiempo; la leí en un libro de Martín Cohen; fue ideada por el matemático
David Hilbert
y la denominó con el nombre de
El Gran Hotel, para explicar las paradojas sobre el infinito descritas
por otro matemático,
Georg Cantor. Siempre tuve reparos en traerla, pero al ver la cantidad de
veces que se reproduce en libros de paradojas, incluso en toda la red, ni lo
dudo. Se ha planteado de muchas maneras, pero la mejor, la que me hizo pensar
más fue la manera de redactarla de Martin Cohen, la primera que leí. Ahí queda
eso, podemos comentarla en el próximo número. Incluso podríamos plantearla de
otra manera, ya digo que se ha escrito mucho sobre ella.
El hotel infinito El hotel situado al final del universo es infinito. La Fundación Eleuterio Aplicadoes, propietaria del hotel, construye dos habitaciones nuevas por cada una que ocupa. Los clientes están encantados porque siempre que van al hotel tienen la seguridad de que no estará lleno. A la vista de esto, el contable de Eleuterio, Jacinto, huele el negocio. Abandona su puesto en la empresa y construye otro «hotel infinito» con las mismas características exactamente que las del de su exjefe. Pero claro, tiene que ser mejor que el de Eleuterio, porque si no, nadie querría cambiar el hotel. Jacinto se aplica entonces a construir un hotel más grande. Pero ¿cómo tener un número de habitaciones mayor que infinito? «Hummm..... —piensa durante un minuto Jacinto—, la manera más fácil de hacerlo es dividiendo todas las habitaciones por la mitad, de modo que se obtengan dos medias habitaciones por cada habitación. Después de todo, son habitaciones enormes, propias de un hotel infinito. De esta forma, las personas de las habitaciones 1 y 2 serán trasladadas a las habitaciones 1—a y 2—a, y las habitaciones 1—b y 2—b quedarán libres para futuros clientes». Jacinto está encantado y anuncia su hotel como si tuviera el doble de habitaciones que el hotel infinito de Eleuterio. Al verlo, a Eleuterio se le atraganta el desayuno y grita: —¡Le voy a empapelar! ¡Más habitaciones que infinito! Y Eleuterio demanda a Jacinto ante el Tribunal de Defensa de la Competencia con el argumento de que ha utilizado publicidad engañosa, puesto que no se puede tener más que infinito de nada. ¿Quién tiene razón? ¿Qué ha de hacer el Tribunal de Defensa de la Competencia? Saludos y hasta la próxima.
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© Revista Almiar (Madrid; España) — nº 38 —
febrero/marzo 2008 |