AUNG SAN SUU KYI

 

 

     Aung San Suu Kyi, es la dirigente más conocida de la oposición al régimen dictatorial que gobierna el país más grande del sudeste asiático, Birmania, ahora denominada Unión de Myanmar. Después de que cayera la dictadura del general Ne Win y su partido único, el BSPP (Partido Birmano del Programa Socialista), que se mantuvo en el poder durante veintiséis años, Aung San Suu Hyi, hija del general Aung San, héroe de la lucha birmana por la independencia del Reino Unido, conseguida tras la II Guerra Mundial (aunque no llegó a verlo ya que fue asesinado unos meses antes), defiende que el país se encuentra actualmente en «la segunda lucha por la independencia de Birmania».

     Aung San Suu Kyi, que vivía en Oxford junto a su marido y sus dos hijos, volvió a Birmania en 1998 para visitar a su madre enferma, en un momento en que el país vivía los primeros movimientos prodemocráticos, que desembocarían en la violenta represión de Rangún en la que morirían cientos de estudiantes a manos de la dictadura militar. Aung San Suu Kyi, catalizando el prestigio de su padre entre el pueblo birmano, decide ponerse al frente de la oposición a la Junta Militar, aunque algunos pensaron que se trataba de una niña bonita criada en Occidente que buscaba alcanzar la fama. Tuvieron, sin embargo, que cambiar de opinión cuando tras ganar las elecciones de 1990 con el 82% de los votos, el gobierno militar se negó a ceder el poder y detuvo a todos aquellos opositores que, como Aung San Suu Kyi, no tomaron el camino del exilio.

     En 1991 recibió el Premio Nóbel de la Paz, en pleno arresto domiciliario que duraría la primera vez hasta 1995, siendo arrestada en distintos periodos hasta nuestros días en los que está confinada en un penal militar. Aung San Suu Kyi ha aprovechado los pocos momentos de libertad que ha tenido para organizar la oposición democrática e iniciar campañas de información sobre la situación del pueblo birmano, por lo que todavía no ha ido a Oslo a recoger el premio.

     Quizá espera el momento de la libertad de su pueblo para recoger el premio. Mientras tanto, continúa su lucha sin desmayo: «Mi pueblo ha sufrido más que yo, no tengo derecho a quejarme...», dijo en una entrevista a un diario español.

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Artículo de José Miguel Jiménez

 

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© Revista Almiar (Margen Cero™) - núm. 20 - febrero de 2005