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La apoteosis de
Fito y Fitipaldis
por
Guillermo Ortiz
Joaquín me explica que es
camarero y trabaja «para la madera», así que sus amigos le cuelan en todos los
conciertos, partidos de fútbol, corridas de toros... Tiene 40 años y va algo
borracho y, sobre todo, está muy enfadado: «Esto no es Madrid, fíjate, nadie se
mueve» y señala las primeras filas de un abarrotado Palacio de Deportes, justo
tras las vallas que separan el escenario del público.
Estamos en la zona de
Invitados VIP, aunque ninguno de los dos somos VIP, desde luego. Él es un
infiltrado y yo soy un periodista. Estoy invitado de milagro, la chica de prensa
se limitó a arrojar la entrada por el hueco de una ventana ya cerrada con un
gesto de fastidio.
Fito aparece pequeño, muy
pequeño, cuando se mira al escenario, rodeado de una banda impresionante y con
un sonido que no hace recordar al antiguo Palacio, todo mucho más compacto, más
unido, como un equipo de Mourinho. Sin embargo, aparece enorme cuando se mira a
la pantalla gigante que han instalado, dando un aire de big band a todo
el espectáculo.
La gente no se mueve, es
cierto, pero hablamos de más de 10.000 espectadores que cada tres por cuatro
convierten la pista en un curioso mar lleno de luces —las cámaras digitales, los
móviles— chispeantes. Cuando Fito les pide que aplaudan, aplauden como locos.
Cuando toca una canción lenta, a las luces chispeantes hay que añadirles las
fijas de los mecheros.
Rock and roll a la
vieja usanza.
Joaquín me ofrece algo de
fumar pero yo digo que no y él sonríe y dice «tienes pinta de no fumar». Hay que
tener cuidado con las apariencias, desde luego, pero no me voy a poner a
discutir en medio de Rojitas. Si quieren que les diga una cosa, he venido
sólo para oír Rojitas por una especie de melancolía eterna. Cuando la
canción acaba, me despido chocando los cinco y le digo que me voy.
No es verdad. Me quedo un rato
más, desde otra posición, más alejada, Fito aún más diminuto. Todo el mundo
berreando Quiero beber hasta perder el control. Los grupos crecen y
decrecen, es imposible determinar los puntos de inflexión. De lo que sí estoy
convencido es que, para Fito y compañía, habrá un antes y un después de estos
dos conciertos en el Palacio de los Deportes. Un antes y un después de la
pantalla gigante, las cámaras digitales, los aplausos enfervorizados, las
cámaras chispeantes y las 25.000 personas coreando su nombre en días
consecutivos.
Incluso el rockero más
duro tiene un corazoncito.
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Guillermo Ortiz López coordina la sección de cine en
Almiar.
Página web del autor:
http://www.guilleortiz.com/
Página
web oficial de Fito y Fitipaldis:
http://www.fitoyfitipaldis.com/
ENLACES RELACIONADOS:
-
En el camino,
serie de reportajes de Guillermo Ortiz sobre diversos músicos.
-
Fito y Fitipaldis llenarán dos veces el Palacio de Deportes de Madrid para
despedir el año 2006
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