1: El hombre de vitruvio
En las tapicerías del imperio, las hogueras se solapan
bajo el delirio de una membrana tricolor. En cuanto al
suburbio individual, quizás puedan escuchar cómo se
desprende la ceniza de los últimos prófugos del
silencio. Es el miedo a lo diferente, por ello los
relojes reculan bajo lo que muchos creen ver en la
plegaria de un neón arrugado, mientras los rincones
violetas se consumen en el incendio de la moda.
2: «El engaño del hombre»
La comedia ahoga con sus máscaras el rumor de la
anarquía. Quizás ya no pueda perdonar la impotencia de
quienes la engendraron bajo el sepulcro de una divisoria
de banderas. Ahora, ya sólo nos queda el recuerdo del
incendio bajo los casquillos de un arcángel de ágata.
Entretanto, el verdugo acomoda los gritos de la rosa
bajo la conjura de las hordas del asfalto.
3: La niña muerta
Quizás se apague la raíz del candelabro, ahora que los
púlpitos se embriagan bajo las cúpulas empedradas de las
ventas. Allí, cerca de la plataforma del puerto, los
raíles nos llevarán al extremo opuesto de una ciudad
decimonónica, donde todavía se reproducen los desérticos
boscajes de la niña muerta.
II
Creí poder quererla
cada vez que sembraba el desamparo
de una rosa sobre la piel de un relámpago.
2: Ella
Pocos saben que oculté mi sentencia bajo el parapeto de
la sazón, y es que yo también envidié a los comediantes
cuando descubrían con su jerga mecánica un orfanato de
bocas. Curiosamente, también quise conocer los
corredores del deseo. Sin embargo, la condena todavía
esconde el empeño de otros labios tras el collar de la
dársena. Es entonces cuando quisiera no echarte de
menos.
4: La canción del suicida
El encaje sofocante de la urbe se desploma sobre el
hastío operático de la nueva arquitectura. Entretanto,
los paseantes languidecen aplastados bajo las fachadas
inconclusas del agrupamiento. Él no puede comprenderlo,
por ello continúa asomado al dramático rumor de la
cornisa, donde muchos le llaman enfermo. Sin embargo,
son muy pocas las ambulancias que se adivinan tras la
mancha prolongada y gris de la metrópolis.
III
Por veces, la propia
agonía se olvida de la muerte
con la esperanza de sucumbir a un «te quiero».
1: El regreso
Nunca creí poder regresar con las claridades suburbanas
de mi niñez… Entre otras cosas, porque todavía sigo
blandiendo la fisonomía de mi propia impotencia. Sin
embargo, ahora que te he conocido, pienso que tan sólo
los subterráneos diques del miedo podrían convertir el
cromatismo del bosque en el retorno de un adiós.
Sin
embargo, no son pocas las noches en las que sueño la
libertad de mi propia ausencia.
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DAVID
FERNÁNDEZ RIVERA.
Vigo, España (1986), poeta, actor, director y
dramaturgo. Inicia su carrera con una gran precocidad al
mostrar y escribir algunos de sus primeros espectáculos
con apenas quince años de edad. Estos primeros montajes
fueron recogidos en poemarios como Caminando entre
brumas (Premio TH al mejor poemario del año) o El
Silencio de las Hadas. En esta primera etapa, Rivera
reflexiona sobre todo sobre el código comunicativo de la
lírica contemporánea, intentando retomar la figura del
trovador como modo de manifestación por excelencia de su
trabajo, no en vano, en más de una ocasión llegó a
definirse como un cantautor que ha decidido elegir el
recitado como modo de expresión básica.
Posteriormente editaría poemarios como Canciones de
mi ausencia, Sentimiento y luz,
Corceles o Entre la sombra y el grito, de
próxima publicación (y al que pertenecen la selección
aquí publicada). En ellos se muestra con total
clarividencia el paso de una reflexión sobre el código
poético a una profundización principal en aspectos
propios del conocimiento, el lenguaje y demás temas
sociales.
Como actor debutaría profesionalmente de manos de
Roberto Cordovani a finales del 2007, coprotagonizando
Isadora Duncan. Posteriormente trabajaría
nuevamente con Arte Livre, como actor de reparto en
Evita, Eva Perón. Ya en el 2008 se haría cargo de la
dirección de Lidia/Cuando el toro es una mujer,
coprotagonizando el espectáculo con Patricia Clark sobre
un texto de Ángel Padilla. Es por entonces cuando funda
su propia compañía, no sin antes haber dirigido y
actuado en versiones anteriores de La Guadaña entre
las flores, todas ellas dentro de la
creación independiente. Asimismo podríamos reseñar su
trabajos en radio como colaborador y director en
programas de Radio Ecca, Radio Voz y Cadena 100 (Emisión
cultural Ecca) o su trabajo como colaborador en revistas
nacionales e internacionales, trabajando también como
iluminador y dramaturgo para diferentes productoras
españolas.
Contacto con el autor
Fotografía de inicio:
Pedro M. Martínez