Estaba
detenido en la esquina
cubriéndome la boca con las manos
esperando la luz verde
cuando de pronto
un hombre comenzó a gritar.
Señalándome con su dedo índice
exclamando mi nombre
estalló súbitamente en llamas
protestando contra la maldición
que ha caído sobre todos nosotros
la fealdad la avaricia y la miseria.
No queriendo asumir responsabilidad
caminé rápidamente
hacia la estación de ferrocarriles
y aunque sabía con certeza
que ese hombre era mi hijo
y que habíamos compartido
el mismo dulce túnel
la misma piel y la misma sangre
¿por qué habría yo de incomodarme?
Era su vida
yo tenía la mía..
Me colgué del Expreso del Crepúsculo
cuando el sol terminó de caerse
y encontré en el carro comedor
a muchas almas solitarias como yo.
Le pregunté a una mujer silenciosa
oculta en la oscuridad
«a dónde vamos?».
Me contestó amablemente
«vamos a buscarte a ti»
no comprendí su respuesta
hasta que volvió el rostro
y amigos, lo que vi
casi no puede ser descrito.
Dos pantallas en miniatura
incrustadas en sus ojos
«observa tu futuro»
me dijo sonriendo.
Un film comenzó a rodar
fantástica tecnología
no había censura
alguien estaba siendo devorado
y ese alguien era yo.
Me puse de pie en el pasillo
cuando el Inspector exigió ver mi pasaje
intruseando en mis bolsillos.
Llamó a sus subalternos
con un revólver metido en mi boca
«este hombre no tiene pasaje
este hombre no tiene vergüenza
este hombre no tiene derechos
¡al infierno con é!!».
Sus uniformes eran negros
pequeñas calaveras blancas
impresas en sus guerreras.
El Inspector clavó su boca en mi nariz
hedía a uranio enriquecido
su aliento a basura nuclear.
No me quedó más alternativa
que llorar, orar y rogar
cuando de pronto me sonrío
y tomándome de mis nalgas
me dijo coquetamente
«ahora sé un buen muchacho
y bájate los pantalones».
Atónito y desesperado
salté por una ventana
y corrí por calles atestadas de sombras
hasta llegar a la Ciudad de la Nueva Era
la más gigantesca sobre la faz del planeta.
Me oculté en los sótanos
del Gran Mall Imperial.
El aire era sofocante
multitudes lloraban sus miserias
una criatura se volvió a mirarme
¡imaginen mi sorpresa!
Sus ojos eran dos pantallas en miniatura
por favor, ¡no de nuevo!
«Observa tu futuro»
me murmuró sonriendo.
El film no estaba censurado
la tecnología era genial
la muchedumbre compartía osamentas
y esos huesos eran los míos.
La sopa
¿Qué es lo
que sucede
compañero?
¿Por qué esta lluvia tan arisca
que revolotea en nuestras bocas?
¿Dónde estamos ahora?
¿Es esto realmente el fin de mundo
o tan sólo el ensayo general?
¿Moriremos aquí para siempre
en estos arenales tan ajenos
o volveremos a reír de nuevo
de la mano de nuestras novias?
Yo no quiero estar aquí
tengo cosas más importantes
podar el parrón de mi infancia
echar a andar el molino
salir a pescar congrios
hacer hijos e hijas.
Compañero
¿qué es esto de andar matando seres?
Gente de sonrisas anchas como la noche
y ojos de arcoírises
¿A quién se le ocurrió esta obscenidad?
¡Exijo hablar con el director!
¡Mamá!
¡Hay un cráneo en mi sopa!
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Ian
Welden.
Nació en Santiago de Chile
en 1948.
Estudió Comunicación de masas y gráfica en la
Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en
la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de
Santiago.
En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir
toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó
como intérprete y radio operador a bordo de un barco que
buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.
En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena
para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para
refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras
tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de
casi todos los rincones del mundo. También inauguró una
exposición de gráfica titulada Guerra Mundial -
Tercera Fase, acerca de la guerra civil en la otrora
Yugoslavia.
Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos
cortos que él llama Milagros y que expone en el
blog con mismo título:
http://1234qwer.ohlog.com/.
También mantiene
Fugacidades, dedicado a las artes gráficas y a los
poemas.
Contacto con el autor
ILUSTRACIÓN: Ian Welden