Aquí se me
aparece la razón de existir,
la voluntad del ahorcado mientras nacen nuevas
estrellas.
Se me aparecen espejismos en la tila, en el güisqui,
en la protectora llama de unos ojos de medusa.
Se me aparecen las lecciones del parvulario
y la ondulada comba del recreo incitando a las
primeras reglas,
las fiebres del otoño,
la engrasada y peluda música
y el atronador comienzo de una insinuación,
la enfermedad del polen y sus derivados,
la contaminación del espejo,
la caspa
y la noche eterna…
Aquí aprendí la vida de Timothy Leary
y ya no confundo Bach con Ultravox;
sé cultivar palabras de esperanto (paperas es
parotidito)
y coger anuros en un mar de jarabe.
Aquí regalé mi chorreada lengua de coñac y nicotina
y limpié el bolsillo de hinojos y envoltorios de
caramelo.
Aquí se me aparece la razón de existir,
reposar en duermevela
como ojo izquierdo de lechuza
y salir con Platón de la caverna
pues ya conozco el colorido de las sombras
y el dolor de maroma en la costilla.
Aquí he sabido trocear la cal, la soga, el diamante,
mientras nuevas estrellas nacen,
deletrear poemas en la profundidad del agua
y buscar las dudas en terrón de sal.
(De La profundidad
del agua)
Esa
mano que es la mía
Dibujar una mano es
como
querer coger un grano más de arena
en un desierto ya barrido, es como
abrillantar un sol que está apagado,
como contar las letras que se han dicho,
simplemente imposible.
Pues cómo perfilar colores
que le den forma a un surco,
a un alambre desabrochado,
cómo pintar un barro, un cuenco, un campo
recogido, una grieta en la semilla,
cómo ablandar el lápiz
para dejar expuestas cicatrices,
hambre pero también abrazo, abrigo y espuela,
cómo buscar las sombras de la mano
si esa que se aparece vive en un reflejo,
si es la misma que aprieta la culata,
la misma que se alumbra con un cirio,
que esparce las semillas por la tierra,
la misma que almidona el cuello a la sotana
o recoge algodones para un niño,
es la misma
que embadurna la soga con aceites,
la que le importa el peso del anillo
o recicla una lágrima perdida,
la que en sus uñas se adormecen versos,
palabras desgastadas, fin, comienzos,
la que construye sueños o abre el grifo de la
anemia,
es la misma,
la misma mano que yo tengo.
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José Antonio
Fernández Sánchez. Nace
en 1963 en Terrassa (Barcelona), aunque reside
actualmente en Cerdanyola del Vallés. Ferroviario de
profesión, desde los 18 años.
Actualmente no tiene vinculación con movimientos
literarios. Sus únicas referencias públicas han sido la
publicación de un pequeño poemario: La profundidad
del agua, en Ediciones Rondas, año 1987;
participaciones con poemas y lecturas en la Festa de la
Poesía que organiza la Comissió de Poetes Terrassencs;
publicaciones de poemas en extintas revistas de papel:
Manxa, del Grupo Literario Guadiana; Cuaderno literario
Azor; Pliego de Murmurios; Cuadernos de Poesía Nueva, de
la Asociación Prometeo de Poesía, y alguna participación
en el programa de radio Breus, de RadioKanal
(Barcelona), donde se le han recitado algunos poemas. Ha
participado en la revista literaria «En sentido figurado».
Recientemente ha retomado la labor de compartir sus
trabajos, mediante el uso de la Red publicando en su
blog: «Autorretrato en espejo convexo»:
http://joseantoniofs.blogspot.com/
Ilustración de los poemas:
Fotografía de
Pedro M. Martínez