ALMIAR

Margen Cero

 

nº 2 - Segunda época
mayo/junio de 2007

 


 



Carlos López Castilla

 

    

CANCIONES DE LA FRONTERA
 


I

Al despertar me recompongo.
No sé dónde estuve. Ni siquiera si estuve.
Veo las ventanas, las cortinas que dan a la habitación contigua.
Busco las gafas a ciegas palpando con las manos
y mientras me digo mi nombre, mi trabajo, lo que amo y detesto,
valoro, enjuicio, polarizo, catalogo el universo.
Ya con las gafas puestas observo el cuarto.
El cuarto permanece. Cotejo con mi memoria
el estado de las cosas. Algunas han cambiado:
hay revistas en la mesa que dejé vacía,
no hay papel higiénico en el cuarto de baño,
ni nubes en el cielo. Pero, en líneas generales,
el mundo continúa como antes de acostarme.
Parece que yo mismo continúo siéndolo. En mi calle,
excepto algunos comerciantes, todos siguen sin conocerme.
Al comprar el pan, ella me saluda y puedo corroborarme.
El día transcurre. Cuando aparece la luna
estoy cansado de mí y el mundo. Duermo y hay rinocerontes
en mi calle, vuelo, tengo otro rostro o ni si quiera estoy en el sueño.
Luego muero un poco, o quizás del todo. ¿Está mientras mi cuerpo
entre las sabanas? Cuando resucito, vuelvo a recomponerme.
No sé si esta mañana lo hice bien.
Si no me equivoqué al enumerar las cosas que me dan placer,
o las personas que me hablan si me encuentran en el autobús.
¿Soy fiel cada mañana a mi memoria?
Es de noche, voy a morirme. Quizás mañana sí me equivoque,
y no sea el que ha escrito estas palabras.


II

Nos respondían los árboles
con su largo llanto de enigmas.
Sabía el Sol que él era el día
y no podía comprender la noche.
Consultábamos las plantas
porque ellas eran las respuestas.
Todo se resumía en tus manos
al palparme, en tu risa
sobre la hierba mojada.
Me tendí sobre el aire para mirarte.
Bramé para los pájaros
la canción de un hombre solitario.
Con la boca y los ojos cerrados,
bajo los sauces, alcancé la muerte.


III

Lego a tus hijos los mapas que para nada han de servirles
Como yo gastarán una vida en descifrarlos
Lego mis apuntes sobre el cielo, la colección de estrellas y un trozo de nube
Lego el aire que inspiré el primer día y las heridas que doce años después
dejé abiertas sobre la arena de una playa
la visión de una luz que sacudió mi habitación un invierno
El arañazo en mi mejilla también les pertenece
Lego la presión que asaltó mi pecho los días de fiebre y el fin de toda pesadilla
Lego la ilusión como una certeza y el zarpazo que une los contrarios
La imagen de un relámpago El jadeo Las largas duchas con agua caliente
La fotografía que guardo en el tercer cajón de mi escritorio
Les dejo mi vergüenza mi culpa y mi traición
Mi flaqueza para ser hombre y la risa desolada
que oí en los muelles que luego llamaron de la tragedia
Lego el primer olor que guardé de tus piernas y mi costumbre
de adorar las cicatrices (mi cultivo de espinas)
Lego la piedra que clavaron en mi frente y el miedo de algunas noches
Lego una moneda de cobre que robé de tus calcetines
y la necesidad de contar al otro que yo también existo
Legos las tildes que convierten algunas palabras en pasado
Cuéntales que todas estas cosas han caído del cielo o brotado
espontáneamente de la tierra que dios se las ha regalado
o que al nacer salieron junto a ellos de tu vientre.
 

 



IV

Mis sentidos atienden, observan, migran y regresan,
Mi cuerpo se abre a otros cuerpos.
Mi mirada trae otras miradas, preñadas de otras miradas.
Huelo el sabor que gusta los olores. Oigo el silencio.
Permanezco inmóvil, latiendo y respirando.
Palpo las formas del frío mientras presiento el calor que entrañan.
De un instante a otro ignoro brechas de eternidad.
Mis sentidos me refugian del infinito donde mi cuerpo se disgrega.
Mis sentidos son el paso de frontera. Luego balbuceo símbolos.
En mi costado está la huella de una lanza, no es una herida sangrante,
pero podría serlo. En mi pecho no sólo late y brama la sangre,
También escuece el mortal sonrojo de la eternidad que olvido.


V

He oído en varias ocasiones:
«¿sería el cuaderno el cuaderno en el que escribes sin ti?
¿suena el árbol al caer si nadie lo oye?
¿existe el cielo cuando nadie lo observa?
¿persisten las cosas cuando no estamos?».
Pero hoy me pregunto:
¿sería yo sin el cuaderno en el que escribo?
Jamás estoy solo en la nada,
siempre algo me acompaña,
muebles, asfalto, piedras, nubes.
Puedo aislarme de los hombres, de las plantas,
incluso del cielo y las montañas, pero
tampoco está solo el astronauta en la noche sideral.
La noche sideral le acompaña.
Necesito todo para persistir en mí.


VI

Si yo me transformo es porque algo en mí se transforma,
es porque algo más allá de mí estoy transformando.
Soy la figuración de una frontera. Cada transformación
es la delación que señala la mentira del límite.
Yo, la crisálida, el árbol, la vibración, el fuego,
los espejos, la explosión de las estrellas, la violencia,
el beso, la culpa, la silla, somos la misma estela.
 

 




VII

El espacio que va de este primer «espacio»
a este segundo «espacio» es una porción
finita del universo. Milímetros cuadrados
acotados por líneas de tinta. O. Esta «O»,
aquella O de aquella línea, también guarda un fragmento
del universo. La O es frontera, terco cerco al infinito.
Hacia dentro, en el interior de los límites
se abre la eternidad como una flor a la llamada
del sol. La O es un terco cerco imposible.


VIII

Cuando cambio la voz para hablarte como un niño
no dejo de tener el miedo del hombre
Sé que es otra de las formas de construir un engaño
Cuando quiero serlo, inocente,
la mirada limpia que puede mirar al adulto
sin que el adulto se sienta amedrentado
o invente su violencia
Como la voz que carece de la espada,
como la mirada que nace y sólo descubre,
toma este poema como el poema de un niño,
toma mi amor como el te quiero de un niño
y no temas ni urges donde no puede haber heridas
Sé que es un engaño, pero
te quiero sinceramente.


 

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Carlos López Castilla
es un autor que reside en Sevilla (España).
 

@ sustituida Contacto con el autor


IMÁGENES: Pedro M. Martínez Corada

 

 

Sumario del nº 2 de Mar de Poesías:

Almandrade l Carlos López Castilla l David Fernández Rivera l Elísabet Arnau Carretero y Rogelio Rodríguez Cáceres l Ernesto Carrión l Gloria Gil Romera l Javier Claure Covarrubias l Jesús Malia l José Antonio Paniagua García l Juan José Bravo l Luis Alberto Carro l Marisa Aragón Willner l Óscar Guzmán Chávez l Óscar Portela l Pedro Sevylla de Juana l Sandra Fernández Ruiz l Santiago M. Bao l Vanessa Álvarez Díez l Víctor Corcoba Herrero

 

 


Separata publicada en el nº  33 (abril/mayo 2007) de la
Revista Almiar (Margen Cero™) - ISSN 1695-4807 - Margen Cero™ es socio fundador de A.R.D.E.
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