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SIN
TÍTULO
Al final
—lo
sabía—
me tenía que caer del árbol
que había en la huerta de tu casa
tu madre decía que
daba las flores más bonitas
de toda la primavera; a mí
me gustaban las cerezas
—tú
venías en julio y entonces
era cuando estaban más dulces—
lo recuerdo bien porque
la rodilla derecha
aún me duele a veces
un poco
sobre todo cuando la miro
como ahora, así
distraídamente
y recuerdo de repente
el sabor de tus labios
dos veranos después
y cómo me apretaba
contra tu cuerpo por las tardes
los dos muy callados
junto al muro de la huerta
por eso
para no olvidarnos
sigo escribiéndote poemas
de vez en cuando
con el color de las cerezas.
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Fernando
Garrido Negreira
reside y trabaja en A
Coruña (Galicia).
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