ALMIAR

Margen Cero

 

nº 4 - Segunda época
septiembre/octubre de 2007

 


 


 


 

Manuel Pelegrín González

Hojas caducas
 


 

Nunca cumplí lo prometido...
nunca prometí nada,
eso es lo único que nadie puede
echarme en cara.
La vida me dio esquinazo
dejándome plantado
en el taburete de aquel bar.
Aquí sentado la sigo esperando
con una cerveza y unos cigarrillos
por únicos compañeros.
Nunca me incordian con bagatelas,
saben lo que quiero o no oír.
Ya en la cama sólo silencio
y noche que termina,
el sol volverá a sobetear
sus pechos sin terminar
nunca de hacerla suya.
A él no le quiero ver,
cierro los ojos preguntándome:
«¿Y si mañana no despertase...
qué ocurriría...?»,
¿cómo lo iba a saber...?
supongo que estaría muerto...
pero tampoco podría saberlo...
alguien quizá lo notase pero...
¿cómo me lo iba a decir?
Un entierro con gente
que jamás supo quién fui,
tal vez un amigo;
no suelo verle con frecuencia,
quizá por esa razón lo sea,
por fin habría encontrado mi sitio,
toda la vida buscando
lo que siempre estuvo tan cerca.

 

 

Ausencia

 

Han pasado sólo unos días
desde la última vez
que te tuve a mi lado,
eso es lo que sentencia
desde su altivez el calendario,
sin embargo, por el mío
pasó una eternidad.
Cada día que no existes
es una vida desperdiciada,
el sol engullendo el día,
mientras tanto, yo permanezco
tumbado en el sofá;
allí en donde existimos
y ahora no estás.
Aún puedo ver tu cara,
sentir tus tranquilas caricias
nuestros labios luchar…
Ahora sofá-ataúd
en casa mausoleo,
sólo el alma puede escapar
del infierno de tu no presencia,
en tu busca va allí
donde quiera que te encuentres.
Tropecé con la tumba,
tu cuerpo quedo alcanzando ya
su plena belleza, su madurez sensual.
El viento ha cesado,
ya no hace frío,
encuentro cobijo entre tu largo
y nocturno pelo, y ahora, nada duele,
refugio en el promontorio de tu pecho;
en las entrañas de la madre tierra,
allá no me podrán alcanzar.
Bruscamente asalta la consciencia,
sólo un sueño, sólo silencio;
sólo aire muerto, fuera... la vida,
vida que no deseo, tan sólo
susurrarle al silencio que te quiero;
que te lo grite cuando nadie le oiga
allá en donde te encuentre.


 

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Manuel Pelegrín González nació en Villacarrillo (Jaén), en 1977. Actualmente estudia Filosofía en la UAM. Ha escrito los poemarios El Largo Día; Poemas para Sordos; El Jardín de Murria y Horas férreas, así como la novela Los Fariseos  @ sustituida

 

 

 

Sumario del nº 4 de Mar de Poesías:
 

Ada Cadelago    Aldo Jara Reyes    Alejandro César Álvarez    Andreia Donadon Leal    Ángel Padilla  Camilo Valverde-Mudarra y Carrillo    Carlos E. Sánchez Meza    Clemente Oria Martín    Dheimar Pericón Calatayud    Elísabet Arnau Carretero y Rogelio Rodríguez Cáceres   Iván Oliver Rugeles    Juan Carlos Moraga Fadel  ₪  Manuel Pelegrín González    Julio Campos Ávila
 
  Mario Dux Castel    Óscar Portela   Víctor Corcoba Herrero

 

 


Separata publicada en el nº  35 (agosto/septiembre 2007) de la
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A.R.D.E.
 
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