|

EN LA 1ª
ENTREVISTA:
-
Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
- Lara Moreno
- Emite
Poqito
- María José
Moreno
|
David Testal
_______________________
por Guillermo Ortiz López
Estamos en un bar cool de
Malasaña, en San Andrés con Espíritu Santo. Las chicas traen sus
portátiles para utilizar el Wi-Fi y de vez en cuando algún policía
de negro y verde fosforito entra al servicio. Es 2 de mayo en Madrid
y los Imperiales están por todas partes. David espera un mensaje,
una llamada. Como no tiene móvil, ha dado mi número. Es una chica,
claro, pero una chica especial. Todo lo que rodea a David es
especial, empezando por sus presentaciones.
«Cuándo me preguntan qué hago, a qué
me dedico, procuro ser honesto y decir la verdad: yo no hago
nada. Soy como un canal, eso es todo. Las cosas se hacen a
través de mí, pero yo no hago nada. Si me preguntan quién soy,
bueno, soy David, pero David es un personaje, una máscara, un
intento de autodefinirse, nada más».

David cree en la sanación y en el
arte. Aprendiendo de Jodorowsky ha conseguido unir sanación, arte y
tarot y ser feliz en la vida. Esa es toda su aspiración: la
felicidad y su reparto. El objetivo de esta entrevista, para él, es
que yo me sienta mejor cuando acabe. Mi objetivo con ustedes debería
ser el mismo, pero no creo que lo consiga porque a mí me falta su
tranquilidad, su aplomo, su optimismo contagioso.
«Cuando estás tranquilo de verdad, te
das cuenta de lo nerviosos que están todos los demás todo el rato»,
comenta, respecto de la gala de entrega de un premio que acaba de
ganar en Calella por su último cortometraje.
Esa teoría tiene mucho de budista y de
schopenhaueriana, pero él se negaría a reconocerlo. Su teoría es
suya y punto. «La realidad es un autoengaño», afirma, «no sabemos lo
que es y creamos ficciones. Es como funciona nuestro cerebro. No
percibe lo que hay fuera sino que lo interpreta creando ilusiones,
creando el mundo. ¿No te parece increíble? Somos tan especiales que
creamos el mundo a cada momento», dice entusiasmado, abriendo mucho
los ojos y sonriendo.
El mundo como representación
Eso sí, la creación no es un acto
solipsista y subjetivo sin más, al contrario: «En la creación
siempre hay comunicación. La creación empieza como auto-terapia,
auto-conocimiento, auto-comunicación… y a partir de ahí te abres al
mundo». Para crear, básicamente hay que observar. No dejarse
enajenar por las ficciones. Es curioso, porque pareciera que David
defiende un realismo precisamente a la vez que huye de la
conceptualización de la realidad.
«A mí me decían que para crear había
que ser muy imaginativo. Me lo siguen diciendo, de hecho. Y a mí me
ponía muy nervioso: yo escribía lo que percibía, no imaginaba,
pero es que percibir para mí ya es imaginar, ya es
interpretar una realidad que no conocemos. De entrada yo empecé
soñando, y sigo soñando, todo esto es un sueño, el sueño de una
malla gigante en la que todo está relacionado y no somos más que
piezas dentro de un todo. Hay que darse cuenta de eso, y observar el
todo, no la parte. El arte debe servir para tomar conciencia de
eso».

¿Resignación monacal?
«No. Por supuesto que hay que tener
sentimientos y sensaciones. Enfadarse, amar, reír… pero con una
distancia. Deja pasar la sensación y obsérvala luego y pregúntate
por qué has reaccionado de tal o cual manera».
Después de soñar, percibir y escribir
en la revista de ex alumnos de su colegio —«ayudaba mucho a la
gente, se sentían identificados con lo que yo contaba»— David
decidió dedicarse a la publicidad unos meses. «La publicidad es una
forma de magia en 20 segundos. Puede ser magia negra o magia blanca,
la pena es que el 90% sea negra, pero es un medio mágico y que
influye mucho en la gente, para bien o para mal».
Duró tres meses, nada más. «Ahora
podría estar ganando mucho dinero como creativo», comenta, pero
prefirió buscar la magia en otros lugares, por ejemplo, cortando
entradas en unos cines. «Conozco a un montón de gente, gente muy
joven, que busca sus primeros trabajos. Intento ayudarles en sus
problemas. Les tranquilizo. La gente joven cae en determinadas
trampas del lenguaje, están muertos de miedo. Eso se ve en el trato
diario, en el tarot e incluso en el Messenger. Te suelen decir cosas
como a mí me encantaría ser tal cosa, pero… el pero se
carga todo lo anterior. El pero destruye. No se dan cuenta.
Es una forma de autosabotaje».
A David le gustó mucho una frase de mi
libro. Una frase de la que estoy convencido, aunque cueste:
«Cualquier cosa en cualquier momento es posible». Sería un buen
resumen de lo que trata de explicarme, té verde en la mesa, mientras
cruza mensajes y llamadas con la chica especial y hablan de quedar
en el Templo de Debod y yo me pregunto cómo habrá quedado el
Estudiantes.

El Tarot como psicoanálisis
Sí, cualquier cosa en cualquier
momento es posible y no hay que ponerse trabas. Creamos el mundo y
lo creamos a base de lenguaje. Hay que observar, y como diría Vega,
adelantarse. Para eso está el tarot, por ejemplo, o así entiende el
tarot David: «Llevo 4 años estudiando y 2 leyendo. Todo viene de
Jodorowsky, de mi papito , como yo le llamo. Hice cursos con
él y me enseñó muchas terapias psicológicas. Jodorowsky decía a
menudo que los psicoanalistas ahorrarían mucho tiempo si echaran las
cartas a sus pacientes».
Pierdan el miedo a la palabra: cuando
David habla de «tarot» no habla de la Bruja Lola. Por supuesto, le
fascina la Bruja Lola y sus compañeras de televisión en lo que
tienen de manipuladoras de la voluntad, pero para David, el tarot
simplemente es una manera de hacer que descubras que estás bien, ir
abriendo y cerrando puertas, conocerse a uno mismo. Tranquilizar
estando tranquilo. Dar felicidad siendo feliz. Piscología
transaccional.
«La gente es nuestro espejo», afirma.
«Exteriorizamos lo que está dentro de nosotros. Nos enfada en los
demás lo que no nos gusta en nosotros o lo que hemos estado
combatiendo de alguna manera. Nos gusta lo que reconocemos como
nuestro y nos enorgullece. No podemos evitar estar comparando todo
el rato, aunque sea absurdo, pero dentro de cada comparación, en
realidad, lo que hay es una autopercepción, un reconocimiento. Por
eso es peligroso utilizar términos como mejor o peor,
simplemente somos distintos. Todos. Cada uno a su manera.
Compararse en esos términos es una manera de ser infeliz. Otra
trampa que nos tendemos».

El retrato terapéutico
David es un terapeuta vocacional y
constante, ya digo. Lo dice él, de hecho, no yo. Yo sólo le
interpreto y probablemente le interprete mal. Aparte de hacer
terapia con las cartas o con el lenguaje, lo hace con la cámara. Es
lo que él llama «retrato terapéutico», aunque matiza: «Es sólo
terapéutico si le sirve a la persona. Como en tarot. Consiste en
grabar a alguien y que esa persona se vea a sí misma, que se dé
cuenta de que hace cosas que critica a los demás, por ejemplo, que
se relaje y se enfrente con sus propios miedos, para superarlos. Que
se observe y se reconozca».
Es terapia pero también es arte, y eso
es complicado, porque se exhibe. A David no le parece tan grave,
«exponerse en público es parte de la terapia». Sin embargo, le ha
causado problemas, especialmente por Nochebuena, un
cortometraje en vídeo que ha pasado por distintos festivales y que
consistía simplemente en rodar una celebración de Nochebuena de su
propia familia. «Era un ejercicio de autoterapia y tiene que ver con
otra epidemia: no saber decir que no. A mí no me apetecía estar ahí
pero estaba y cuando lo grabé me di cuenta de que nadie quería estar
ahí. En realidad, es una película de terror, y la mayoría de la
gente que lo ve se identifica».
Ahora bien, determinados familiares no
estaban de acuerdo. «Me dijeron explícitamente que no querían salir
en el vídeo, y eso me creó un problema moral. No sabía si debía
utilizar su imagen o no. Al final, decidí que sí, pero sigo pensando
si es lo correcto. El problema era que, como no querían salir, se
tapaban la cara o huían de la cámara, y, claro, eso les hacía más
protagonistas aún. Es como cuando te quieres hacer el misterioso y
resultas tremendamente superficial. Lo misterioso es transparente, y
de la misma manera cuanto más te escondes, más te estás mostrando».
Serendipity
David ha utilizado el retrato como
terapia para otros amigos. Ahí están El bosque de Beatriz y
Javier, la isla, éste en proceso de post-producción. Ha
funcionado, o eso cree. La entrevista también ha funcionado. Yo me
siento más tranquilo, más sosegado, más seguro y más consciente de
que no hay que preocuparse tanto de las cosas, que ya fluirán ellas
solas. Creer en las casualidades, que en el fondo es algo precioso,
porque tendemos a ordenarlo todo en el tiempo, para mantenerlo preso
y que no se rebele.
Pero la realidad se rebela, claro. Sea
lo que sea. Y el asunto —esto es mío, no de David— es estar
preparados.
Casualidades. Sincronizaciones.
Serendipias. Por ejemplo, la voz de una chica en un vagón de metro
mientras David lee un libro. Una serie de casualidades que parecen
sacadas de un libro de Cortázar y que acaban en el Messenger. En
terapia. La terapia que venía en el libro que David leía cuando la
conoció y decidió dejarse llevar. La terapia que funcionó
milagrosamente, porque lo que hacía falta era eso: un milagro. O lo
que nosotros llamamos milagro, creo que diría David, aunque ha
quedado claro que no se pueden poner nuestras palabras en bocas de
los demás.
La terapia que se convierte en cita en
Plaza de España, al final, bajando Espíritu Santo hasta Noviciado y
luego más allá. «¿Por qué no habéis quedado antes?», le pregunto a
David. «Miedos, creo, pero no sé cuáles, no me los ha explicado»,
dice él. Y por un momento pienso que si hay alguien ahí que está
luchando por que la gente venza sus miedos, probablemente el mundo,
la malla, la realidad… llámenlo como quieran… sea un poquito mejor.

Web's de David Testal:
http://davidtestal.blogspot.com/ y
http://davidtestalnoticias.blogspot.com/
Fotografías: ©
Saioa Etxebarría y David Testal
© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
|