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EN LA 1ª
ENTREVISTA:
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Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
- Lara Moreno
- Emite
Poqito
- María
José Moreno
- María
Riveiro
- Carmen
Simón |
Emite Poqito
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por Guillermo Ortiz López
La primera noticia que tuve de Julia
Molano fue una especie de fanzine fotocopiado y con encuadernación
casera que pasó por casa y que contenía varios relatos, uno de ellos
llamado For the roses, título de una impresionante canción de
dEUS. Por entonces (1999), ella tenía 20 años y escribía más que
componía. «En tercero de BUP hice un curso de literatura y escribí
uno de los relatos del librillo, Max y la mujer de plastilina.
La mujer moría en un arrebato de pasión».
Para mí, Julia, aparte de la otra
filósofa de la familia, era la otra escritora. Una referencia de
gustos comunes, mezcla de literatura y grupos indies-grunges.
Mediados de los 90: Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Fiona Apple,
Portishead, Belly, Veruca Salt… «Siempre me gustaron los grupos de
chicas, cantantes como Ani di Franco, PJ Harvey...». Compartíamos
estética desde la distancia, nuestros caminos se cruzaron muchos
años después, casi 10.

Y es que Julia no quería escribir sino
cantar. Le gustaba escribir hasta que dejó de gustarle: «Nunca me
forcé lo suficiente, no tenía autodisciplina, cuando dejó de ser
espontáneo —hablamos de sus 21 años— lo dejé. El libro se llamaba
Mientras sirva y dejó de servir. Me dejó de interesar mi rollo
adolescente y no encontré otra fuente de inspiración. He escrito
cosas desde entonces, claro, pero en serio ya ni me lo planteo».
Sin embargo, nunca se planteó dejar de
cantar. Sobre todo, cantar y componer. A los 14 años aprendió a
tocar la guitarra con canciones de los
Beatles, «y lo que sabía entonces es lo que sé ahora», dice
entre carcajadas, esa carcajada suya tan reconocible, mientras yo
voy cambiando de asiento en mi cuarto y ella se balancea en un
sillón con ruedas junto al ordenador.
Estudió piano y solfeo, pero lo dejó y
se dedicó simplemente a cantar. Dio clases con Olga Román en
Pozuelo. En el instituto empezó con un grupo. «Hacíamos un mix de
Knocking on Heaven´s door, Smells like teen spirit
y
Stand by me.
Luego hice filosofía porque quería escribir y me lo recomendó
mi profesor de lengua. En 1998, compuse varias canciones en inglés y
toqué un par de veces en el Laboratorio, pero tuve que parar: me
encontraron un nódulo en la garganta y me operé. Además, el año
siguiente decidí irme a París».
París, Urban Freaks, Vetusta Morla…
París fue una gran experiencia, en
todos los sentidos. «Tocaba en la Fleche d´or con todos los
frikis de la ciudad, podías ir ahí y cantar sin más, gente que
imitaba a Edith Piaf, raperos… había de todo. Además, escribí mucha
poesía». Cuando volvió, en 2000, decidió ponerse manos a la obra,
acabar la carrera, el doctorado, la tesina… conoció a Jaime
Echegaray y cantó en un grupo llamado Control Remoto. Ahí empezó a
hacer sus primeras canciones: La nariz, Si tú te vas…
Con el tiempo, se estableció en Urban Freaks, el grupo de Miguel
Rey, aunque sólo como vocalista.
«Hacíamos pop-jazz y yo era más de
estrofa-estribillo, estrofa-estribillo, así que me costaba meter
mano en las composiciones. Apuntábamos demasiado alto, además,
porque para hacer lo que queríamos había que hacerlo muy bien y no
siempre pasaba. Estuve con ellos cuatro años, de 2001 a 2005. El
final fue en un concierto en Ritmo y Compás, que hicimos de
teloneros de
Vetusta Morla y no salió demasiado bien».
Aquel concierto fue decisivo por
varias razones: de entrada, le dio pie para el nombre de su próximo
proyecto, Emite Poqito. Ella lo explica con sus propias palabras en
su página de
www.buhoreal.com: «Emite Poqito nace de una lucha intemporal y
sangrienta entre vocalistas y técnicos de sonido. Los técnicos
suelen ser primos de los guitarristas y no ceden, y no se apean del
burro, y te hacen desgañitarte en vez de bajar el volumen del
guitarrista, que como bien sabrán Vds., siempre está demasiado alto
con respecto a la normativa europea. Pues bien… en medio de una
batalla feroz apareció entre el polvo y las sombras de los escudos
la mano amiga de un técnico, Agus, que, vaya Vd. a saber si porque
tenía ancestros vocalistas o qué, se apiadó de mis cuerdas vocales y
sus nódulos virtuales y frenó en seco el avance de sus huestes,
explicando a mis enemigos: “Chavales, ella emite poquito, así que
tol mundo a bajarse. AHORA”».

Aparte, Vetusta Morla empezó a ser
importante profesionalmente en su carrera: Guille, el guitarrista,
se convirtió en compañero de piso y pronto en compañero de
escenario. «Surgió la posibilidad de dar un concierto en una cosa de
las Juventudes Socialistas de Pozuelo y pillé a Guille por banda. Le
enseñé las canciones que tenía de la época en Control Remoto, La
nariz, Permanentando, Si tú te vas, hicimos una versión también
de La Marea, de Vetusta… Guille me animó mucho porque yo no
estaba muy segura de lo que estaba haciendo. A lo largo de 2006 me
puse a componer un repertorio de verdad para poder hacer
conciertos».
Artépolis, Minas, Rincón del Arte
Nuevo… Búho Real
Pero necesitaba acompañante y Guille
iba y venía, por sus compromisos con Vetusta Morla. En el camino se
cruzó Iván Hervás y dieron un par de conciertos en Artépolis y una
tetería de la calle Minas. Tres meses, como mucho. Después, Emite
Poqito volvió a ser Julia Molano en solitario, con colaboraciones
esporádicas. «Por entonces ya teníamos canciones para una hora de
concierto: Un disparo, Dame, El mar, El domador, La buena
estrella, y en uno de los últimos conciertos surgió No me
quiero enamorar del mal». Probablemente, su gran éxito hasta
ahora y el que más quebraderos de cabeza le está dando a la hora de
grabar la maqueta.
Algo pinto yo en la historia de Julia,
como todo Guille que se precie. La vi un par de veces, me encantó
—del verbo encantar—, recordé aquella sintonía estética de diez años
antes y con la ayuda de
Pablo Ager, conseguimos que empezara a salir en el Búho Real de
vez en cuando, en una ardua campaña de marketing con Darío González,
el dueño de la sala. Julia no tenía ni maqueta, pero Pablo la sacaba
en sus conciertos y el talento se abrió camino, claro.
«Mi primera colaboración con Pablo en
el Búho fue en enero-febrero de 2007, luego estuve tocando en el
Rincón del Arte Nuevo a partir de ese verano, casi hasta Navidades,
pero discutí con el tipo que lo lleva —dice, delante de una pizza
gigante del Gino´s de debajo de mi casa— y decidí dejarlo. En
septiembre, tuve mi primer concierto en solitario en el Búho Real y
ahí he seguido tocando al menos hasta el próximo miércoles 18 de
junio, que tengo otra fecha».
La maqueta con Los Santos Varones
Julia está ahora más arropada. Tiene
por fin un grupo: Alberto, en la guitarra, e Irene, en la percusión.
Tiene productores. Ni más ni menos que Pancho Varona, Antonio García
de Diego y José Antonio Romero. La historia es algo divertida porque
empezó en un hospital. Por razones que no vienen al caso, Pancho y
yo nos hemos visto mucho últimamente en los hospitales. En una
pausa, le hablé de Vetusta Morla. Estaba ausente. «Van a ser la
hostia», insistí, pero él seguía poco convencido. Yo le expliqué
cómo sonaban en directo, que Manolo les había coproducido el disco…
y, de pronto, Pancho se giró y me dijo «¿y la chica esa, Emite
Poqito?».
La había visto en la presentación de
mi libro y se había quedado prendado. En poco tiempo, hablaron, se
vieron, se escucharon y montaron una ambiciosa maqueta que se está
acabando en la casa de José Romero, poco a poco, con una
minuciosidad propia de una chica con las ideas tan claras como
Julia.
Cantautores y canción de autor
Mientras las cosas siguen adelante,
Julia estudia Oposiciones a secundaria —es profesora en Parla de
filosofía y similares— y sigue componiendo canciones, la mayoría al
teclado. Cuando le saco el tema, puntualiza: «No me considero
cantautora. Yo me veo diferente, no tengo esa actitud romántica.
Quizás sí hago canción de autor, pero si toco con voz y guitarra es
porque no tengo grupo».
¿Cuál es la singularidad de Emite
Poqito? «Es pop en español pero no suena a pop en español»,
me dice, midiendo las palabras. «Esto va a quedar mal, pero a mí
grupos como Los Secretos ya no me gustaban. Mis influencias han sido
sobre todo chicas americanas y he compuesto siempre en inglés hasta
los 22-23 años. A mí me gusta gente como Joan as a Police Woman, PJ
Harvey… eso es lo que escucho… los Beatles, claro. No creo que suene
como La Oreja de Van Gogh o Conchita, aunque ellos también hagan pop
en español. Quizás en eso esté la diferencia».
Mi canción favorita se llama Mi
fórmula secreta, hay algo estremecedor en su voz diciendo «Yo me
rindo, me rindo…». La suya es Permanentando. «A No me
quiero enamorar del mal le estoy cogiendo manía», dice entre más
sonrisas.

Proyectos mastodónticos
Su futuro va por mil caminos, aparte
de la secundaria. «A corto plazo, tenemos que afianzar el grupo, y a
lo mejor meter contrabajo, batería… Luego tenemos que ver qué pasa
con la maqueta y cómo la podemos defender en directo, que no va a
ser fácil. A largo plazo, me gustaría dedicarme a esto, pero…».
… Pero, mientras tanto, plaza de
funcionaria. Chica Tauro práctica y sin concesiones. Honestidad
brutal. Su último secreto se llama Mamut, un grupo que
comparte con Sergio Calafat y Eduardo Nebot. «A Sergio lo conocí de
conciertos juntos en el Rincón del Arte Nuevo. Buscando gente, se
cruzó con Edu, que vivía en Barcelona y había tocado en Minimal, un
grupo indie bastante conocido. Se propusieron hacer un gran grupo,
en serio, y me cogieron a mí de cantante. Ellos componen y yo canto.
Los domingos nos reunimos y vamos grabando, luego iremos formando el
resto de la banda después de verano. A mí me han pedido que
componga, pero no tengo tiempo, entre Emite Poqito y las
oposiciones… así que de momento sólo canto».
Que al fin y al cabo es lo que se
propuso cuando tenía 14 años y escuchaba a
Christina Rosenvinge, así que supongo que se trata de una
historia con final feliz. Siempre que este sea el final, claro, que
no lo creo. Y no soy el único.

© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
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