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EN LA 1ª
ENTREVISTA:
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Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
- Lara Moreno
- Emite
Poqito
- María José
Moreno
- María
Riveiro
- Carmen
Simón
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María José Moreno
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por Guillermo Ortiz López
Una joven actriz viene de Úbeda a
Madrid. En rigor, podría haber ido de Úbeda a Granada, pero no, ella
prefiere Madrid, porque aunque puede estudiar Comunicación
Audiovisual en cualquier lugar, sabe que va a tener más
oportunidades de hacer teatro en la capital.
«En Úbeda no había posibilidades
aparte del grupo Tirsos y caretas, pero por entonces era todo
gente mucho mayor que yo y no pude entrar. Hice teatro en el
Instituto y luego estuve en un grupo teatral en el que hacíamos
musicales en playback, sólo bailando. Hice La Celestina e
incluso un papelillo en un largometraje sobre vampiros que no se
llegó a estrenar».

La actriz piensa en meterse en la
RESAD. Es lógico, pero tiene miedo. Tiene miedo porque ella siempre
ha querido actuar, y actuar —exponerse, por definición— es
arriesgado e incluso cruel. Tiene miedo porque ha sido su sueño
desde los 8 años, cuando dejó de escribir cuentos y pintar cuadros y
se decidió a vivir historias en vez de crearlas, a jugar con los
muñecos, a representar obras en campamentos...
Así que no quiere que nadie le diga
que no vale. El miedo de todos los que estamos en esto y queremos
llegar a algo es que los acontecimientos se precipiten y nos cierren
la puerta antes de tiempo. Nunca llegaríamos a saber si es injusto o
no. Nuestros egos cuelgan de chinchetas.
El grupo «Séneca» y la Escuela TAI
La actriz se matricula en CAV de la
Complutense y decide meterse en el grupo de teatro «Séneca», de su
Colegio Mayor. Ahí conoce a otra gente interesada en la actuación y
prueba con el teatro experimental, en concreto, la obra La Isla
Uga. Siguiendo consejos y recomendaciones se pone a buscar
escuelas donde aprender interpretación y arte dramático y elige
finalmente el TAI.
«Tenía que compaginar la carrera con
el teatro y era muy jodido. Empecé a suspender asignaturas, mi
familia estaba preocupada en Andalucía. Llegué a pensar en dejar la
carrera, justo cuando acabé el primer ciclo, pero seguí y fue un
acierto. Pero, sí, el primer año fue muy duro, por lo que digo de
compatibilizar los estudios y porque tienes que romper muchos
esquemas educativos. Tienes que aprender a desinhibirte y mostrar
sentimientos. Abrir la mente. Curras mucho para llegar a ciertos
niveles, y sé que algunos aún no los he alcanzado».
La actriz duda de su talento. Es
normal. Todos dudamos de nuestro talento, más si lo tenemos que
demostrar cada día. No duda de su trabajo, y por eso se aferra a su
trabajo. «Quiero y tengo que poder, ese era mi lema». Su estancia en
el TAI es un ejercicio de superación continua. Satisfactorio y a la
vez doloroso, con ese crítico interior todo el rato rumiando al
oído. «Pasa un tiempo hasta que disfrutas y entiendes que es un
juego. El primer año hicimos muestras de improvisación, en segundo
montamos escenas de Aquí no paga nadie, de Darío Fo y Un
sombrero lleno de lluvia, de Michael Garzo. Teníamos libertad
interpretativa, aunque a mí me gustan los personajes marginales,
alejados de mi forma de ser, que tenga que buscar analogías
complicadas. Los personajes de Shakespeare, Pinter y Beckett, por
ejemplo. Los de Los días difíciles… Me encantaría poder
hacer alguna vez Los días difíciles».
Caballito del diablo
Acaba el TAI, agoniza la carrera. La
actriz decide formar una compañía con gente de la escuela y amigos.
Eligen director: Pascual Álvarez. Eligen autor: Fermín Cabal. La
compañía se llama «Taumaturgos», es decir, «personas que hacen cosas
prodigiosas». En 2005 adaptan Huso horario del amor, aún
dentro de TAI y Caballito del diablo, ya como Asociación
Cultural. Esta última obra supone su mayor reto desde que llegó a
Madrid, desde que empezó a soñar con dedicarse a la actuación.
«Me eligieron para ser Blanca, la
protagonista. Era teatro alternativo y mientras la gente entraba y
se sentaba, sonaba música de Trainspotting y los personajes
andaban de un lado a otro, interactuando con el público. Mi
personaje estaba en ropa interior, tumbada en una cama, después de
meterse una dosis de heroína. Estar ahí era un subidón increíble,
estaba deseando que la obra empezase cuanto antes. A veces, me
distraía: los espectadores pasaban, entraban, salían… y yo tenía que
seguir en mi mundo, impertérrita. La primera vez estaba acojonada.
Tenía 21 años, acababa
de salir de la Escuela… Seguro que ahora lo
haría mejor».
La actriz ha protagonizado por primera
vez una obra de teatro. En la sala «El Triángulo», además, una de
las más prestigiosas del circuito alternativo madrileño. Ha tenido
que disimular su acento andaluz y enfrentarse al papel de una chica
muchos años mayor que ella. Además, Pascual Álvarez cuenta con ella
para La Fundación. Es su gran año. Es el principio de algo,
aunque no sabe de qué. Poco después, deciden adaptar ¿Fuiste a
ver a la abuela?, también de Fermín Cabal. De repente, no se
sabe por qué, el argumento da un giro de 180º y las cosas dejan de
ser tan sencillas.
«Hicimos esa obra y luego volvimos a
hacer Caballito, a finales de 2006, pero nos empezamos a
separar. Cada uno quería cosas distintas. No hemos llegado a
disolver la asociación en ningún momento, pero tampoco hemos vuelto
a trabajar juntos. Yo entré en crisis. Pensé en dejarlo todo. Me fui
a Inglaterra a aprender inglés unos meses. Cuando volví no sabía muy
bien qué hacer, pero sabía que tenía que ver con la actuación, así
que llamé a mi agencia para que me buscara cosas y desde entonces no
he dejado de trabajar».
El cortometraje y Hospital Central
Los actores y sus agencias de
representación. Los terribles castings —«al primero fui temblando,
era horroroso, se me olvidaba el texto. Tenía sólo 19 años. Ahora
intento practicar, tomármelo como un trabajo. Hago unos 10-11 al
mes, para que te hagas una idea»—, los cortos de nuevos talentos que
salen de la carrera, de la Escuela de Cine, productoras
independientes que buscan rostros poco conocidos.
La actriz aprende a cambiar del teatro
al cine. Del espectador a la cámara. Es fundamental ser intuitivo,
saber cuándo estás saliendo bien y cuándo no. Seducir. Ella prefiere
hacer teatro, pero le ofrecen cortos y los graba. Hasta 15, desde
que llegó a Madrid. Papeles de niña dulce, con sus ojos saltones y
su sonrisa de veinteañera. Papeles experimentales, sobrios, como el
de Cuatro, con Antonio Bermejo. Papeles más casquivanos como
el de Regalo de Cumpleaños, de Felipe Bernal, en el que
prueba con un registro distinto.

Sale en la televisión. En Hospital
Central, ni más ni menos. Hace de embarazada y Fran Perea le
roba un niño. Luego se lo devuelve. Empieza a ganar dinero con la
actuación y eso es más una satisfacción moral que puramente
económica. Vuelve a los escenarios, con Los posos del café,
de Juan Expósito, donde hace tres personajes que en realidad son
uno: algo místico, simbólico, onírico… Teatro.
Buscar y encontrar
La actriz va a cumplir 25 años dentro
de poco. No sabe si es mucho o si es poco. Le pasa lo mismo con
todo. No sabe si ya ha acabado o si aún no ha empezado. Es un mar de
contradicciones. Busca representante, porque piensa que un
representante es necesario para ganarse la vida, pero los
representantes siempre dicen lo mismo: «Ahora no estamos buscando…».
Los representantes están saturados, como lo están los agentes
literarios, y nadie regala nada.
Video-books, currícula vitae, ilusión,
rechazo, trabajo. La vida de la actriz, de esta actriz y de todas
las demás que han venido persiguiendo un sueño a esta especie de
Hollywood sin glamur que es Madrid, es un continuo buscar algo que
les está esperando en cualquier otro sitio. Sabe que es muy
complicado encontrarlo. Muy, muy complicado. Sin embargo, no quiere
pistas; quiere descubrirlo ella sola, quiere llegar allí y sonreír y
entonces poder estar segura de que no se ha equivocado y perder el
miedo.
La incertidumbre, de momento, es una
forma de esperanza.

© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
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