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EN LA 1ª
ENTREVISTA:
-
Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
- Lara Moreno
- Emite
Poqito
- María José
Moreno
- María
Riveiro
- Carmen
Simón
- Inés
Thiebaut
- Víctor
Alfaro |
María Riveiro
__________________________
por Guillermo Ortiz López
Hay algo extraño en María Riveiro.
Una especie de contradicción constante, esa clase de genio que uno
es incapaz de clasificar con palabras en ninguna categoría. María
tiene sólo 24 años pero un aplomo insospechable. Es seria pero con
sentido del humor. Tremendamente trabajadora y consciente de lo que
quiere ser: directora de cine, pero capaz de trabajar en un
restaurante mientras tanto.
Es callada, al menos en Madrid es
callada, pero si le preguntas, responde. Varias veces. Da vueltas y
vueltas sin terminar de mirar a los ojos, inspeccionando la mesa del
bar y haciendo círculos con el dedo mientras trata de explicar
exactamente lo que piensa sobre esto o sobre aquello, sin
conseguirlo, generalmente.
Después, envía un correo electrónico
para matizar, pero su correo se pierde en las mismas vaguedades e
indecisiones. Una chica decidida e indecisa a la vez. Prodigioso.
María es especial y tiene conciencia
de ser especial, de no pertenecer a este mundo. Aunque esta
entrevista se publica en verano, está hecha en febrero y María tiene
algo de
Laura Cuello, su
propio universo de imágenes y sueños y deseos. Comunicación. Sentir,
no entender. Está en Madrid pasando unos días en casa de Vega. Viene
de Sevilla y meses después —ella aún no lo sabe, yo me siento como
un pequeño Marty McFly escribiendo esto— irá a Baleares a buscarse
la vida.

Entre Isabel Coixet y Nacho
Vigalondo
Hablamos sobre sus influencias,
lógico: «Jim Jarmusch, pero me encanta el color de Isabel Coixet, la
fotografía de Almodóvar, el silencio de Cesc Gay… tengo una relación
de amor-odio con Woody Allen, siempre hay algo que no cuaja». María
tiene un marcado punto de cine catalán, estética nostálgica llena de
palabras no dichas. Minimalismo. Sin embargo, eso no es más que una
nueva contradicción: adora a
Nacho Vigalondo y
nos pasamos la tarde repitiendo tonterías de Muchachada Nui, el
testimonio de Lars Von Trier como estrella de la velada.
«No me gustan los cortos que son una
carta de pretenciosidad», dice, mientras explica su curiosa manera
de ver los géneros: «En los cortos, me gusta más lo frívolo. Para
largo, mis proyectos son más serios. De hecho, estoy intentando
escribir un guión sobre ausencias que está ahí dándome vueltas desde
hace cinco años».
Lo último que ha hecho no es
precisamente frívolo. Dirigió Mediocrity, un proyecto de
Vega Pérez-Chirinos
sobre una adolescente en un entorno hostil. «Me atrajo el guión
porque lo visualicé en seguida. El mensaje para mí era: puede que el
mundo sea gris, pero siempre nos quedarán los detalles. No sé cómo
saldrá la post-producción, el montaje… pero si conseguimos juntar
bien todo lo que hemos rodado, creo que podemos contar algo muy
interesante».
Antes de eso, un poco de todo, como
era de esperar: en 2005 escribió, dirigió y co-produjo Grillos:
«Parte de lo anecdótico. Habla de los mimos. Una chica habla con un
mimo. Le está dejando. El mimo se queda quieto llorando. Tiene una
gran belleza estética y aparte está el tema de la incomunicación,
claro». ¿Cómo quedó? Imposible saberlo, María nunca lo contaría:
«Cuando acabo un corto, lo odio. Intento moverlo, pero sin fe, no
consigo que me guste lo que he hecho, prefiero dejarlo atrás».
En 2007, probó con la videocreación,
Poesía de lo efímero: «Habla de los nicks del
Messenger, me parece un tema muy interesante, la realidad virtual,
la fina frontera entre la realidad y la imagen de esa realidad…
Creamos a base de conversaciones». A veces, uno piensa que si hay
algo frívolo en María es como excusa para contar algo más profundo.
Una especie de menos es más, de nuevo.
Entre Cesc Gay y Sor Citroen
Pero luego están las gamberradas,
porque, al fin y al cabo, es joven y andaluza.
«En la facultad
rodamos Érase una vez una monja poppie, una mezcla de humor absurdo, estilo chanante, no sé, con citas estilo Aterriza como
puedas y recuerdos de Sor Citroen. También de ese estilo
era Caus. El último musical, un mediometraje que
sirvió de proyecto fin de carrera. Lo hicimos como un musical y
estaba basado en Ciudadano Kane, sólo que la última palabra
que dice el protagonista antes de morir es McGuffin. Metimos planos
de homenaje a El Exorcista, Bienvenido Mr. Marshall».
¿Ven? María es como un pez que se
escurre entre las manos. Uno cree que la puede colocar entre Cesc
Gay e Isabel Coixet y le sale con Sor Citroen y El
Exorcista. A veces pienso que el futuro del cine español será de
género o no será en absoluto. Ella no piensa. Prefiere no hacerlo.
No le gusta lo que asoma bajo la puerta: «Es que no he encajado en
esto nunca. Al principio, lo veía como etapitas que había que
seguir: la facultad, buscar una productora, mover los proyectos…
pero sinceramente me parece que muchos profesores saben menos de
cine que yo y lo de mover mis cortos por ahí me da la sensación de
que va a acabar frustrándome. Es que yo siempre he sido
autodidacta, he ido a mi bola, con un equipo de amigos que
trabajábamos juntos, eso era todo. Ahora se ha disuelto el grupo, al
acabar la carrera. No sé bien por dónde tirar. No me gusta el mundo,
así en general», dice y medio sonríe, pero da la sensación de que va
en serio.
Está bien. Si le gustara el mundo no
intentaría cambiarlo. No estoy seguro de que necesitemos cambiar el
mundo pero desde luego necesitamos que alguien lo intente. Mientras
escribo esto, le explico a Laura en una ventana: «María va a ser la
leche», y ella, que no sabe quién es María se limita a decir: «Eso
está bien. Necesitamos a alguien que sea la leche». Y es verdad.

Un futuro de supervivencia
Ahora mismo, su cabeza está en
demasiados proyectos: cinco o seis cortos escritos, otro sin título
y sin diálogos casi, con personajes en distintos sitios, casi
fotografías. Otra historia estilo Mediocrity, con una chica
que se rebela ante el baile de máscaras que es el mundo. Una
sucesión de planos de parejas frente al Palacio Real madrileño,
quizás en octubre, si todo va bien. El guión es mío. Será mío, aún
no lo es. Aún es febrero, domingo, anochecer de las siete de la
tarde mientras alguien le mete un gol a alguien.
«Intenté ser normal, pero no
funcionó», dice como resumen de su trayectoria profesional y
académica hasta el momento. Lo dicho, buenas noticias, estamos
hartos de gente normal por todos lados. «Me siento pequeñita, pero
con fuerzas. Como dice
Nacho Vegas,
consiste en sobrevivir, ¿no? Quizás mi problema es que me gusta todo
y no sé por dónde empezar, cómo especializarme. A mí lo que me
gustaría es tener un mecenas y dedicarme a crear. Con 24 años, sólo
puedo aspirar a ser becaria en algún lado y que me paguen 300 euros
al mes, con eso es imposible dedicarme a esto».
Mecenas. Esa es una buena profesión.
Lástima que no abunde. María vuelve a Sevilla y manda varios emails
en estos meses matizando sensaciones, gustos, preferencias… Tiene un
desordenado gusto por el orden. El fondo, algo difuso por la tierra
que se levanta y las corrientes que se cruzan. Borroso, en una
palabra. La forma, la de una estrella.

© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
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