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EN LA 1ª
ENTREVISTA:
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Laura Cuello
- Luis Ramiro
- Vega
Pérez-Chirinos
- Pablo Ager
- David
Testal
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Pablo Ager
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por Guillermo Ortiz López
Si el esplendor de un músico, como
dicen, llega en torno a los 40 años —el esplendor creativo, me
refiero— ¿qué demonios hace uno mientras tanto, con 22,23,24,25…?
¿Cómo llena la espera?, ¿cómo se convence de que esa espera merecerá
la pena? Me temo que no hay respuestas y, si las hay, yo no las
conozco y por lo tanto no puedo dárselas a Pablo, 24 años, segunda
maqueta en el «mercado» y unas ganas desbordantes de llegar al mayor
público posible.
Pablo es un tipo ansioso. En eso nos
parecemos. En principio, nada diría que somos obsesivos, porque los
dos tenemos un aspecto sosegado, tranquilo, razonable… pero luego
empezamos a darle vueltas al cómo y no paramos. Yo hago un poco de
consejero porque tengo seis años más y a la fuerza he aprendido
algo. Probablemente, él tenga más talento, pero se encuentra
atrapado en un bucle por el que sólo se avanza en espiral. El camino
y la meta se confunden todo el rato.

El problema de Pablo puede estar
precisamente en el talento y en la precocidad. «Empecé a tocar la
guitarra cuando dejé el conservatorio, a los 15 años. Estudiaba
piano y estaba muy interesado en la música pop-rock, estilo Dire
Straits, Bon Jovi, Aerosmith… Con 18, me fui a Estados Unidos y ahí
aprendí muchísimo. Había otra cultura: una cultura de quedar para
tocar, para hacer música. Menos discoteca y más guitarra. En las
fiestas se bailaba, pero sobre todo había gente tocando, todo el
rato. Eso me influyó mucho».
¿Y cómo se pasa de ser un chaval
aficionado a la música rock e hipnotizado por las fiestas-garage tan
propias del grunge de los 90 a uno de los habituales de
Libertad, 8 y el Búho Real?
Pablo me explica, brevemente, en el
piso de debajo de un Viejo Café Colonial tranquilo como nunca a las
siete de la tarde de un miércoles lluvioso.
«Cantautor daña más que
beneficia»
«Cuando volví, me metí en un grupo con
Alberto Miranda, pero lo de los grupos es muy complicado: siempre
acaba faltando alguien para ensayar, o nos poníamos a tocar las
canciones que nos gustaban en vez de las que componíamos… el caso es
que ni siquiera llegamos a actuar. Yo empecé a componer por
entonces. Mi primera canción la hice con 19 años y estaba en inglés.
Luego cambié, porque aunque la música que yo tocaba pegaba con el
inglés yo no sabía expresarme del todo bien en ese idioma, prefería
hacerlo en español: tú te expresas mejor y la gente te entiende
mejor».
Y así empezó su carrera como
cantautor.
«Pero es que a mí no me gusta el
término cantautor, yo no me considero un cantautor, no al
estilo de Silvio Rodríguez o mucha otra gente del circuito. Mira lo
que hace Rash, por ejemplo, ¿eso es de cantautor? Parece que el
concepto se asocia con una música densa y sesuda cuando a mí me
gustaría hacer canciones radiables, ahí está Conchita, por ejemplo,
pero siguen con lo de cantautora. Ya no hay compromiso
social, para eso está
Manu Chao, quizás nosotros tenemos más un compromiso estético,
buscamos la máxima calidad en las letras… Creo que el concepto
cantautor daña más que beneficia».
De acuerdo, esta es una discusión
eterna: ¿es Alejandro Sanz un cantautor? Ya
surgió con Luis Ramiro y
es absurdo repetir los argumentos a favor y en contra. Que cada uno
piense lo que quiera. Pablo prefiere pensar que cuando dejó el grupo
empezó su carrera en solitario, sin más.
«Escribí al Rincón del Arte Nuevo,
donde empieza casi todo el mundo, pero sólo tenía 4-5 canciones
compuestas por entonces (2004) y tuve que completar con una versión
de Ojos de Gata, de Los Secretos. Yo, por entonces, no
sabía nada del circuito: había ido a un concierto de Alejandro
Martínez en el Búho Real, y me sacó a tocar una canción que se
llamaba Ojos clavados¸ eso era todo. Luego ya sí, empecé a
escuchar a Carlos Chaouen y a Quique González, y poco a poco fui
conociendo a otros cantautores: Jesús Garriga, Marwan, Luis
Ramiro…».
Como los bares pedían maquetas, él
grabó una maqueta, Amor en vena, de sólo cuatro canciones. Le
sirvió para empezar a tocar en la sala Zanzíbar. Luego grabó
Punto de partida, «parecida a la anterior, pero más presentable
y que se podía vender a la gente en los conciertos». Marwan y Luis
le «apadrinaron» de alguna manera. «Sí, empecé a tocar en Libertad
porque Maru habló con Julián. Yo soy algo más joven que ellos y
tenía mucha menos experiencia y me ayudaron todo lo que pudieron».
¿Demasiado rápido, otra vez? Quizás.
Con 22 años, Pablo tocaba ya en Libertad, pero se sentía «muy
descolocado, sólo con guitarra y voz. Muy desnudo. Mi estilo iba de
Silvio Rodríguez a Revólver. En esa época compuse Alambradas
y a la gente le encantó aunque no era exactamente por donde yo
quería ir… Pero, ya lo he dicho, con grupo era mucho más complicado,
y así era más fácil tocar ante más gente».
Durmiendo en azoteas
En octubre de 2005, Pablo da un paso
adelante: publica Durmiendo en azoteas, la primera maqueta
con mayúsculas, y la presenta en Clamores, con banda. «La mayoría de
las canciones las pienso con banda y no sólo con guitarra, por eso
suenan mejor en sitios así». En el disco colaboraban Marwan, Luis
Ramiro y Jorge Marazu. Al concierto acudió Conchita como estrella
invitada.
«La maqueta me abrió las puertas del
Búho Real porque a Darío le gustó mucho, así que empecé a compaginar
Libertad y Búho durante 2006, pero el problema era que yo no llevaba
mucha gente y no tenía mucho sentido dividir al público, así que,
como en el Búho me programaban más a menudo, me quedé ahí, y lo
compatibilicé con algún concierto compartido en Galileo, como los
que hice con Álvaro Vázquez y Perro Flaco. De todas maneras, yo
estoy muy a gusto en Libertad, no tengo problema. Voy de vez en
cuando y me encanta ver que mi disco sigue ahí expuesto».

Así que 2006 pasa y llega 2007 y las
dudas: 23 años y medio. Ha tocado ya en el Rincón, en Zanzíbar, en
Clamores, en Libertad, en el Búho y en Galileo. Ha publicado una
maqueta y ha colaborado con músicos de todo tipo, los últimos, Dani
Flaco y Emite Poqito… «Pero la gente seguía sin venir a los
conciertos. Me decían que estaba de puta madre lo que hacía, pero
luego no venían. Conocía a mucha gente: cuando actuaba, pasaba un
libro para que los que estaban ahí pusieran su nombre y su email y
pasarles información. No era gente al azar, era gente que había
venido a verme porque le gustaba lo que hacía, pero es muy
complicado hacer que repitan. En la famosa libreta hay unas 300
direcciones, pero a los conciertos es complicado que vayan más de
50-60».
Incierta Memoria
Y en eso apareció Dani Flaco, una
noche de otoño de 2007. Dani y Pablo son grandes amigos, han
compartido varios conciertos en el Búho Real, en L´Astrolabi… para
Dani, «Pablo es de los mejores del circuito de Madrid», así que
decidió producirle su nueva maqueta junto a Xavi Ibáñez, en un
estudio de Badalona, y darle un sonido más rockero, más duro, más
«comercial» por decirlo con una palabra que Pablo procura evitar.
«Tenía dos objetivos con la maqueta:
por un lado, que se pudiera mover por discográficas, salas,
certámenes… hacer seis canciones muy bien hechas y que pudieran
funcionar. Por otro, que la gente la pudiera comprar y hacerse una
idea de lo que he hecho estos años. Por eso le he metido otras cinco
canciones —grabadas con Álvaro Fraile en Madrid— más acústicas, para
hacer algo parecido a un disco que se pueda vender a la gente».
La presentación de Incierta Memoria
será otra vez en Clamores, el sábado 26 de abril en horario de
tarde: 20,00 horas. Espera que vaya muy bien. «La publicidad por
MySpace está funcionando, y creo que puede haber bastante gente.
Estoy esperanzado».
Pablo tiene aún 24 años. Una edad
ridícula. Tiene juventud y tiene ansiedad y tiene talento, lo
decíamos al principio. A veces, esa combinación es peligrosa. A
veces, hay que tener experiencia, distancia y paciencia. Pablo apura
su segunda cerveza en el Colonial y pasa el típico test de
entrevistador perezoso: «El último disco que he comprado es
Fuerzas de Flaqueza, de Dani Flaco. El grupo que más oigo ahora
mismo es Matchbox 20. La gente que más me gusta del
circuito son Luis Ramiro, Jorge Marazu, Rash y Mr. Kilombo».
Luego, cuando llega a casa, le da
vueltas a su respuesta, igual que le da vueltas a todo, y me acaba
enviando un email: «Por favor, añade que escucho a Alice Cooper,
Steve Earle y Enrique Bumbury».
Y yo sonrío, algo paternalista, como
un hermano mayor más bien, y lo añado.

© Guillermo Ortiz López (http://www.guilleortiz.com/)
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