REGOLÍ

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Una
entrevista de PEDRO MARTÍNEZ
Trascripción de PEDRO MARTÍNEZ y JOSÉ MIGUEL JIMÉNEZ
Fotografías: Archivo personal de Enrique Llácer
©
MARGEN CERO 2001
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iene en su
casa una habitación apretada por el piano y el ordenador en donde compone
música, de manera incesante. En las paredes, los posters de tantos y
tantos conciertos, entre ellos uno regalado por sus amigos Don y Georgie
Collins con la frase: “No sabemos que es un Regolí, pero a este le
llaman maestro.” ¿Para qué buscar otra presentación? Enrique Llácer,
“Regolí”, es, sin duda, uno de los mejores percusionistas que hay en
España. Y, además de ser uno de los mitos de mi juventud, de significar
para mí un recuerdo fundamental de cuando me acerqué, acomplejado, atónito,
al mundo generoso y libre del jazz, es una magnífica persona. Tiempos
del Whisky Jazz, en Diego de León [1],
el club que antes fue Bourbon Street y que se transformó en Whisky Jazz
al cerrar en su ubicación original, cerca del Hotel Villamagna. Tiempos
de noches apretadas en clubes donde se cortaba el humo de tabaco como si
fuera mantequilla, en donde el jazz meció los sueños generosos de mi
juventud primera. Y ahora, después de muchos años, me reencuentro con todo aquello, mientras Regolí me enseña fotos de los años sesenta y setenta que ha traído cuidadosamente guardadas en una carpeta, fotos en donde aparece con las patillas largas, tocando la batería con diferentes músicos en el Whisky Jazz, entre ellos los saxofonistas Pedro Iturralde o Gerry Mulligan que apareció sorpresivamente una noche, durante uno de estos ________
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conciertos;
anécdotas y fotos, y más fotos. Regolí habla firme y rápido, como las
baquetas que tan maravillosamente utilizó. Charlamos y charlamos. Me dice
que no quiere tomar nada, “gracias, Pedro, acabo de merendar”. REGOLÍ:
Estábamos tocando en el Whisky Jazz, en Marqués de Villamagna, con
Iturralde, y de repente a eso de las doce o doce y media de la
noche aparece por allí un tipo alto y rubio, y me dice Iturralde: “Oye,
¿a quién se parece ese? Y le digo yo: “Pues me parece a mí que es
Gerry Mulligan”. Total, que seguimos tocando y en un momento dado el
tipo se levanta, viene, y dice “Do you speak english”, Iturralde le
dice que sí y pregunta: “¿Si traigo el instrumento me dejan tocar con
ustedes un rato? Lo tengo aquí en el hotel, al lado mismo.” Sí, sí,
pues claro que sí, contestamos. Era, en efecto, él, apareció un poco
después y estuvimos tocando. Luego nos contó que iba a estar tres o
cuatro días en Madrid, y formamos una jamsession en el Studio Club. El
club este era de baile, y estaba por Argüelles, pero los domingos por la
tarde hacíamos sesiones de jazz, vino y tocamos con él. Estaban también
Joe Moro y Salvador Font, conocido como Mantequilla. Mulligan era un tipo
simpático. Aprovecho
para sacar un disco de Mulligan (Take five, el directo de 1973, no faltaba
más) y pregunto a Regolí por Alan Dawson. REGOLÍ: Le conocí por casualidad, le conocí
porque el director que estaba en la casa Berkley, Larry Monroe, un
saxofonista que estuvo...
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