REGOLÍ
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(...) Se ha perdido, entonces, la intimidad. Ahora lo que funciona es lo que llaman las rutas del jazz, ya se sabe: Madrid, San Sebastián, Vitoria, Bilbao, Sant Germain, Le Mans, París, Berlín, Hamburgo, tocando dos días aquí, dos días allá... En el ochenta y cinco, cuando estuve en Anoeta [1] estaba casi lleno de gente, así lo que lo que se ha perdido es la intimidad... P.M.: ¿Tú que prefieres el ambiente del cabaret o los espacios más grandes? REGOLÍ:
Yo prefiero el ambiente chiquito, estás más en contacto con la gente,
ves como la gente reacciona, te das cuenta si van realmente a escuchar
jazz o van a hablar, porque en Whisky Jazz, cuantas veces estábamos
tocando y a lo mejor había una mesa en la que estaban sentados, una
pareja por ejemplo, charlando y los demás les hacían callar. En cambio
en los grandes espacios van a tocar, cumplen, porque tienen unas megafonías
impresionantes, pero no tienes el contacto con el público, en el club
terminabas de tocar, charlabas, hacías amigos.
En alguna ocasión también ha cantado, estuvo en Japón en donde hacían
conciertos espectáculo, con una demostración de batería que duraba
veinte minutos, y estando de vacaciones en New Orleáns, en Bourbon
Street, la mítica calle del jazz, en el club The Court of Two Sisters le
dejaron una batería para ver como lo hacía: estuvo tocando durante
cuarenta y cinco minutos. La charla continúa alrededor de los años difíciles
del jazz y los recuerdos de muchos años en torno a esta música. REGOLÍ: En Japón ví a Max Roach tocando en un teatro, el día después de nuestra actuación. Tenía muy mal carácter Roach, se enfadaba en elescenario; llevaba entonces piano, contrabajo, saxo tenor y una cantante; hizo un espectáculo fantástico y allí fue donde aprendí un noventa por ciento más de lo que sabía sobre la batería, allí entendí lo que yo quería de la batería, viéndole a él. Volviendo al espectáculo que hizo, salieron y tocaron todos con la chica, que cantaba, entonces se marcharon y se quedó solamente el pianista; luego tocó un tema el bajista, él solo, y a mitad de dicho solo salió Roach para hacerle un ritmo con las escobillas. Después se marchó el bajista y Roach hizo un solo de batería y ¡Dios mío de mi vida!, me dije, esto es lo que yo andaba buscando, esto sí, fuertes..., piano..., con una velocidad..., con unas ideas, con unas frases, con una forma de tocar increíble y el saxofonista, cuando salió después a tocar, se ve que estaba así, un poco..., le estaba achuchando y en una de esas Roach se enfadó y le echó del escenario.
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Sigue vendiendo todavía ejemplares de su libro “LA BATERÍA: Técnica, independencia y ritmo”, editado en el año 1966. Profesor del Conservatorio, dio clases, entre otros, a Pepe Nieto, quién dijo en una entrevista por la radio que sólo había tenido como maestro a Regolí, de quién aprendió en clases recibidas durante las grabaciones de discos. REGOLÍ: Muy inteligente Pepe. Tocaba muy bien la batería. P.M.: ¿Sigue tocando? REGOLÍ: No, más bien compone. Compone música de películas, fue premio Goya cinco veces. No tuvo una fabulosa técnica, pero tenía la suficiente para hacer lo que el quería hacer y lo hacía muy bien. P.M.: Bueno, y ahora estás en la música clásica, mejor dicho no la dejaste nunca... REGOLÍ:
Yo me metí en la música clásica en el año setenta cuando entré en la
Orquesta Nacional, anteriormente toqué clásica en algunas grabaciones,
pero hasta ese año no entré definitivamente en ella. Continué todavía
tocando jazz algunas noches, pero hubo un momento en que se fue haciendo
ya muy pesado..., entre la Orquesta Nacional, el jazz y las grabaciones
casi no dormía, iba a los conciertos adormilado..., y me dije: no, no,
esto no puede ser y empecé a cortar. Primero dejé las grabaciones y
luego dejé de tocar el jazz.
Cae ya la tarde y hablamos de la falta de programas de jazz en la televisión,
y echamos de menos el programa de Claudio Cifuentes (para los amigos
Cifu), en la segunda cadena de Televisión Española, hecho precisamente
desde el Whisky Jazz de Diego de León.
Me deja las fotos para que las escanee,
y las cojo como el que toma un bebé entre las manos. Con el
cuidado que se merecen los mejores recuerdos de una vida. Y ahora, amigo Enrique, es el tiempo de los festivales..., del espectáculo global; le despido con la sensación de que he vuelto a vivir, a sentir la magia del jazz, la ilusión del sentimiento, la pasión y la libertad de esta música que me ayudó a ser persona. Cae la tarde sobre la ciudad y esta noche nadie tocará jazz en un cabaret de Madrid. Otros tiempos, son otros tiempos, amigo.
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Enrique
Llácer, Regolí, nació en Alcoy (Alicante), al borde del Mediterráneo, el 20
de junio de 1934 y vive ahora en Madrid, con su esposa María Esther, la mejor
de sus fans. Mi agradecimiento a ambos, por su amistad, atenciones y
deferencias.
Hasta siempre, queridos amigos.
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