Rastros sobre el agua

XIV
(Para Carlos Serra Blanco,
de parte de su negación del dominó)
No puedo cantarte,
padre... ¿eras?, ¿existías?
Pecho curvado como quilla de tus amados,
y algo de sangre,
y en mi dolor siempre tu voz.
... Tanto faltas que prefiero no nombrarte aún.
Para la luz, tus palmeras,
y para el vientre, tus naranjos.
Y para mis manos, tu espejo de juego vespertino
acrisolado en marfil y azabache por los besos de tus hijas, levantadas.
Te recuerdo tan débil,
casi cristalino en tus huesos,
perdido en tu obviedad de cordero, presto y pleno
de inocencia,
negro ya ante el desencuentro fulminante de tus últimos pasos.
De la luz al blanco,
de tu vergel al azulejo... y al suelo.
Para doler blandas miradas que te amaban,
para poblar, por fin, tu último huerto.
© 2009 Sofía Serra - Revista Almiar (Margen Cero) ISSN 1695 - 4807 | Template by Alec Rust (Adaptación P. Martínez)