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Contacto con la autora

 
Rastros sobre el agua

 

 

Rastros sobre el agua

 

De aquellos azahares, este naranjo

 

XIV
 
(Para Carlos Serra Blanco,
de parte de su negación del dominó)

 

 

No puedo cantarte,
padre... ¿eras?, ¿existías?
Pecho curvado como quilla de tus amados,
y algo de sangre,
y en mi dolor siempre tu voz.
... Tanto faltas que prefiero no nombrarte aún.

 

Para la luz, tus palmeras,
y para el vientre, tus naranjos.
Y para mis manos, tu espejo de juego vespertino
acrisolado en marfil y azabache por los besos de tus hijas, levantadas.

 

Te recuerdo tan débil,
casi cristalino en tus huesos,
perdido en tu obviedad de cordero, presto y pleno
de inocencia,
negro ya ante el desencuentro fulminante de tus últimos pasos.

 

De la luz al blanco,
de tu vergel al azulejo... y al suelo.
Para doler blandas miradas que te amaban,
para poblar, por fin, tu último huerto.