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Rastros sobre el agua

 

 

Rastros sobre el agua

 

Paso de Cristo sevillano por el patio interior

 

Ecce homo

 

 

Habéis quebrado dos tibias,
machacado dos rótulas.
Habéis girado a contratiempo la perfecta maquinaria que unge el paso,
trastabillado las falanges de mis dedos amados
hasta rizarlas con osamenta ensangrentada.
Habéis desencajado una cadera,
hacia fuera,
y la otra, hacia dentro.
Habéis horadado el ombligo del vientre más hermoso,
abierto el tórax
como en las cunas de vuestra maldita supervivencia.
Lo habéis despedazado,
a la luna de mi alma,
arrancado cada palo por vuestras extremidades pasajeras.
Habéis ahorcado el cuello más tierno,
extraído la clavícula equivocados en vuestros manifiestos.
Habéis golpeado, hasta convertirlo en masa de sangre y carne
el pecho más amado,
el barco más ligero,
mi casa más perfecta...
Y en vuestra osadía desquiciada
sólo la lucidez de palabras trastocadas ungen de gracia vuestro esperpento:
Desgobierno, mentira,
envidia,
miedo,
ignorancia y delitos de humanidad desasistida,
estulticia e inmundicia adornan ya vuestros cuellos...
Mas dos luceros hermosos antes, hermosos son ahora,
y vida y miel abarcan el aire que nos envuelve.
De la luz
para tres almas creadas.